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Ranakpur, la gran maravilla (y II)

Sábado, 18/06/2011 (6)

Cinco minutos antes de las cinco se nos acerca otro monje y nos dice que nos va a mostrar una de las capillas laterales. Nos pide que le esperemos en una puerta mientras nos abre desde dentro. Las imágenes de los templos jainistas, las representaciones de los tirthankara, se parecen mucho a Buda. En esta, y en las capillas que nos va abriendo después, vemos imágenes talladas en mármol blanco y en mármol negro, con coronas de cobras, y con detalles exquisitos. También nos muestra reliquias de oro con más de 2.000 años de antigüedad que, nos cuenta, sólo se muestran a los fieles una vez al año y muchas otras cosas que no dejan de asombrarnos.

Los tirthankara son aquellos que alcanzan la iluminación y pueden guiar a la humanidad. Al final de su vida alcanzan la liberación, esto es, salen del ciclo infinito de nacimientos y muertes divididos en eras. En este 2011 nos encontramos en el año 2538 de la quinta era del presente medio ciclo.

La religión jainista considera que sólo ha habido veinticuatro de estos tirthankara. El último de ellos fue Mahavira (599-527 a. de C.), cuya existencia histórica está aceptada, quien se encargó de propagar la religión. Mientras que el primero de ellos, Adinath, se considera que nació hace 10224 años, un uno seguido de ¡225 ceros!. El próximo tirthankara se espera que nazca dentro de unos 81.500 años, al principio de la tercera era del siguiente medio ciclo. El sexo de los tirthankara es otra diferencia entre las ramas jainistas digámbaras y svétambaras. Para los primeros los 24 tirthankara han sido hombres, mientras que para los segundos el número 19, Mallinath, fue una mujer.

Para acabar se le acerca otro monje con una bandeja. En la bandeja hay un pequeño recipiente con azafrán. Moja el pulgar y nos marca a cada uno en la frente con un bindi. Se sitúa en la posición del sexto chakra, entre los ojos, el lugar por el que, según los seguidores del tantrismo, se pierde la energía. Por lo que el bindi retiene la energía y fortalece la concentración. También nos dice que nos ayudará a respirar por el olor del azafrán… y lo cierto es que se nota el olor (aunque el punto está muy alejado de la nariz) y se respira con más facilidad.

En la bandeja también lleva billetes de 500 rupias. Como donativo nos parece un poco exagerado y tampoco tenemos tanto dinero cambiado. Le damos un billete de 100 y nos dice que le demos más. Nos ha estado abriendo capillas y enseñando tesoros incluso después de las cinco. Los guardias nos han mirado varias veces para echarnos pero él les ha parado. Le damos 100 más. No tenemos más rupias, sólo para pagar el autobús con el que salir de aquí mañana y comprar alguna botella de agua. Sigue diciendo que es poco. Si dedican el dinero a mantener esto como está ahora es evidente que es poco, pero, aunque aquí no lo hemos visto nos acordamos del cartel de los templos de Jaisalmer en el que decía que las donaciones se hicieran en la caja de ofrendas y nunca a los monjes directamente, nos surge la duda.

Hemos visto cosas que no pensábamos ni que existieran y que nos han maravillado. Llevo un billete de diez dólares y se lo damos para acabar con el regateo. Diez dólares, al cambio, son unas 420-450 rupias, que con las 200 que le he dado antes ya va más que servido.

Ahora sí que nos echan del templo sin miramientos. No dejan de sonreír mirando nuestras caras tratando de retener todos los detalles en nuestra memoria mientras bajamos las escaleras.

El de la consigna nos dijo que cerraba a las cinco y ya son más de las cinco. Vamos a recoger las mochilas y después comprobaremos si es verdad que los demás templos están abiertos hasta las 19.00. Queremos creer que cuando vea nuestras caras y le preguntemos si los demás templos se pueden visitar nos dirá que podemos dejar allí las mochilas un rato más. Pero no. No hace el gesto.

Con las mochilas fuera de la habitación, en el suelo del patio, nos pregunta si tenemos un bolígrafo. Claro que llevamos un bolígrafo y aquí lo tienes. Nunca entenderé la pasión que existe con los bolígrafos en los países pobres. El caso es que ahora sí que nos dice que podemos dejar las mochilas dentro. Él no se va hasta las 17.30 y, hasta entonces, pueden quedarse aquí. Tenemos quince minutos para ver los otros.

Los otros dos templos que vemos son también espectaculares pero mucho más pequeños. Cuentan sólo con una cúpula, siendo las cúpulas representaciones del monte Meru), mientras que el principal tiene ¡80 cúpulas! En estos se está más tiempo fuera que dentro, dentro hay espacio para la talla principal y poco más. Somos los únicos que quedamos por aquí dando vueltas y podemos verlos con tranquilidad, aunque con prisa. Con eso de estar por fuera y de ir descalzos los pies vuelven a arder. Caminamos buscando la sombra y sólo salimos de ella si no hay más remedio o la fotografía lo requiere.

Cuando nos dirigimos a por las mochilas pasamos por delante de otro templo más. El guardia nos dice que podemos subir, se nota que está aburrido. No pensamos que nos entienda mucho, pero le decimos que vamos a por las mochilas y que ahora mismo volvemos.

El de la taquilla no está en su sitio, pero Sara le encuentra pronto. Ya no hay prórroga y hay que cargar con todo. Yo me he dejado las zapatillas con los cordones sin atar porque vamos a visitar el templo que falta.

El guardia, nada más vernos, nos hace una señal para indicarnos que podemos dejar las mochilas con los zapatos abajo, que no hay problema.

Con todo visto, las zapatillas abrochadas y las mochilas en la espalda vamos a buscar un sitio para dormir esta noche. Antes de salir nos hemos cruzado con una familia india que nos ha pedido hacerse una foto con nosotros, bueno, sólo las hijas. Después de hacerla nos lo han agradecido y todos nos han estrechado la mano. ¿Somos más atracción que los templos? Increíble.

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