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Recorriendo la capital

  

Lunes, 07/03/2011 (2)

Mientras estamos allí sentados vuelven a pasar los catalanes. Al vernos allí su guía nos pregunta si está cerrado y al decirle que sí salta la valla. En ese momento salen los dos policías que había en la caseta a por él, uno por dentro de la valla y otro por fuera. Le cogen y le meten dentro. A los otros parece no importarles demasiado. Nos cuentan que van todas las veces a la misma tienda de la madraza a comprar pañuelos de seda, que van muy bien como regalos. Ellos trabajan en la industria textil del algodón y vienen aquí a comprar. Uzbekistán es el segundo exportador de algodón (según la de la tienda de la madraza). Están pensando incluso en montar una fábrica.

Les preguntamos qué más se puede hacer aquí y nos dicen que ir al mercado, Chorsu. Que allí tienen muy buenas nueces y el azafrán a buen precio. No nos llaman demasiado la atención las nueces, preferimos las almendras que no hemos visto en ningún sitio, y el azafrán tampoco lo trabajamos. Pero de todas formas pasaremos por allí porque es evidente que es lo único que podemos hacer. Se dan cuenta de que su acompañante no está y les decimos que le han metido en la caseta. Nos cuentan que antes era guía y que ahora ha subido de nivel, traductor. Según ellos conoce a todo el mundo y estará de charla con los policías. A nosotros no nos ha parecido que le conocieran cuando le han cogido.

Cuando sale de la garita nos cuenta que le querían multar. Al saltarse la valla le han preguntado a dónde iba y le han pedido que les enseñara el pasaporte. No sabemos muy bien cómo ha conseguido salir limpio y, en teoría, sin pagar.

Nos han dicho que han conseguido cambiar a 3.150 som por euro. Es lo que tiene que ellos sean negociantes y que casi seguro que en Taskent el cambio del señor “mercado negro” será mejor. De todas formas muy buenos negociantes no deben ser porque nos cuentan que la señora de la tienda todos los días les pide 30.000 por los pañuelos de seda y al final se los deja en 15.000. Según nuestra experiencia cuando en una de estas tiendas no consigues una rebaja de más del 50% no estás haciendo muy buen negocio. Como no tenemos nada más que hacer y más de 70.000 som en el bolsillo que no podremos gastar en entradas vamos nosotros también a la tienda.

La señora nos pide disculpas porque está todo revuelto: unos turistas acaban de pasar y lo han dejado todo descolocado. Al preguntarnos por nuestra nacionalidad y decirle que españoles nos dice que como los otros. Le decimos que sí, que les conocemos. No ha dejado ni que Sara dijera que italiana, en cuanto ha oído España ha pensado en los otros dos. Su precio para el pañuelo de seda es 18.000, los otros han comprado muchos y por eso se los ha dejado por 15.000. Esta señora habla con palabras en inglés, en español y en italiano todas juntas y no creemos que tenga muy claro a qué idioma corresponde cada una. Además de los pañuelos de seda también tiene unos de seda y lana de camello. No teníamos ni idea de que los camellos tuvieran lana. Su precio es más alto: 22.000 aunque nos los deja en 20.000.

Es uno de estos de lana de camello el que le ha gustado a Sara, pero quiere que se lo deje al mismo precio que el de seda, 18 como mucho. La señora le dice que la lana de camello es incluso más cara que la seda. Sólo los hay en Taskent. Sara piensa que la está liando porque a los otros se lo ha vendido barato y tampoco es que le guste tantísimo. Nos lo pensaremos, aunque me da que sólo se trata de que la señora baje un poco. No se echa atrás y nos vamos, sin intención de volver.

Volvemos a la galería comercial de esta mañana para ir a Chorsu, el mercado de la ciudad. Es un mercado más. Una mezcla entre mercado occidental: con sus pasillos y sus puestos, y bazar árabe: con sus artículos, sus vendedores y su hacinamiento. Tienen varias secciones, como en Urgut, la principal es la de comida que está debajo de una gran cúpula azul. Es evidente que el estilo de construcción no ha variado mucho con el paso de los siglos. Es más, ya sea una mezquita, una madraza, un museo, un bazar-mercado, un circo, o lo que sea, siempre tendrá una cúpula que será azul. Otra de las partes importantes del mercado es la zona de restaurantes. Gran cantidad de puestos ofreciendo su comida, también como en Urgut, con unas mesas con bancos para comerla allí mismo.

La comida uzbeca es muy rica y sabrosa, pero muy pesada. La cantidad de grasa, de la propia carne o del aceite que le ponen, es exagerada. Además, viendo el humo con olor a aceite varias veces frito que sale de todos los puestos se le quitan a uno un poco las ganas. Sobre todo porque son poco más de las once y media de la mañana y no es hora de ponerse a comer un plov.

Después de recorrerlo casi todo vamos a buscar la parada de metro para ir al centro, a la plaza de la independencia, Mustaqillik maydoni. La plaza que nos recomendó ayer Ulugbek. Se hace extraño haber hablado con un Ulugbek aunque ayer, siempre antes del momento cambio oficial, el hijo de Mirzo nos dijo que es un nombre muy común. Ya lo era antes del famoso Ulugh Beg y sigue usándose. También nos dijo que hay bastantes Timur e incluso Sha-Jahan, el que construyó el Taj Majal.

El metro uzbeco, a pesar de haber sido construido por los soviéticos, no tiene comparación con el moscovita o el de San Petersburgo. Los trenes son igual de viejos y gastados, pero las estaciones no tienen el encanto ruso. Según la guía se diseñaron como refugios nucleares y está estrictamente prohibido hacer fotos en el interior. Y no es una prohibición absurda, en el vestíbulo y en los andenes hay un montón de policías. Ulugbek nos dijo que no cometiéramos el error de mirar el plano del metro porque era muy fácil perderse, pero después del ruso no nos parece nada complicado. El día no está siendo muy productivo en lo que a monumentos se refiere, pero ya hemos montado en metro. Cada billete son 500 som y son como los rusos, te dan una ficha de plástico que metes en el torniquete de entrada y que se queda dentro. Lo de pedir el billete cuando estás dentro es imposible, nadie lo lleva. En Estambul el tranvía funcionaba igual.

  

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