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Saliendo de Nagarkot, sin Himalayas

  

Sábado, 03/04/2010 (2)

Mientras estamos jugando KC se acerca para decirnos que ya está preparado el desayuno en el restaurante. Al menos no nos dice lo que Kuenzang, que tenemos que bajar media hora antes para coger sitio porque hay hordas de turistas dispuestos a comerse nuestra comida. Acabamos la partida y bajamos. Pasamos antes por la habitación para dejar la manta. No es elegante bajar a desayunar con una manta atada a la cintura.

Lo cierto es que aquí sí que hay hordas de turistas pero también es cierto que sigue habiendo comida. Y sigue habiendo comida porque tampoco es gran cosa y no creo que nadie se levante para repetir. Patatas medio rehogadas, pan tostado y huevos cocidos. Cuando pido la leche se han quedado sin tazas. En ese momento se abre la puerta de la cocina y aparece un tío con cuatro tazas, cada una con un dedazo dentro. El de la mesa las coge y llena una con mi leche. Tampoco nos vamos a poner ahora exquisitos con la limpieza, a buenas horas después de todo lo que habremos comido ya… que después de ver las carnicerías no sé como nos queda valor para pedir filetes.

La comida nos dicen que empieza a las once. Tampoco hace falta ser los primeros, pero para las doce bajaremos. Con la velocidad de ayer y teniendo en cuenta que hoy habrá más gente comiendo a esa hora, puede que para las dos hayamos acabado y salgamos hacia el aeropuerto.

La velocidad es la misma a la hora de la comida y acabamos a eso de la una y media. Sara ha ampliado horizontes comiendo de la carta. Yo, para que no les resultara demasiado complicado, me he quedado con lo mismo de ayer y para acelerar aún más el proceso le he dicho que no hacía falta que trajera la sopa de champiñones (ayer la dejamos casi sin tocar). Para el postre pedimos lo mismo que ayer: pudding de chocolate, con la esperanza de que, al igual que ayer, nos traigan una especie de flan de vainilla. Hoy no, hoy toca ser puristas y nos traen el pudding caliente con sabor extraño que tanto gusta en esta zona.

K.C. y el conductor también han acabado de comer. Miedo me da que nos vuelvan a meter por los mismos andurriales que ayer para llegar hasta aquí. No porque no vaya a haber tiempo de llegar, sino porque con esos saltos lo mismo se estropea en mitad de la nada y nos deja tirados. Antes de ir hacia la ciudad nos llevan a ver la torre de vigilancia, esta vez en coche. Lo cierto es que no nos perdimos nada.

Como pensaba había otra manera de llegar hasta Katmandú desde Nagarkot. Rápido y casi sin atasco. El problema es que a mitad de viaje K.C. nos pregunta por el hotel al que nos tiene que llevar. Mal vamos. Nos tienes que llevar al aeropuerto. Que nos volvemos hoy. Él lo sabía, de hecho antes preguntó por la hora de nuestro vuelo. No sé a qué hotel nos querrá llevar.

Tras un momento de preocupación tratando de que entendiera que de hotel nada, que es al aeropuerto a donde tenemos que ir pensamos que lo hemos conseguido. De cualquier manera llama por teléfono, suponemos que a Prachanda, para confirmar si es ahí. Nosotros lo tenemos claro y tampoco hace falta que confirmes tanto. Le volvemos a decir, para confirmar, que es al aeropuerto y nos responde que sí. Mucho sí, pero no le has dicho nada al conductor. Vuelvo a preguntarle si el conductor sabe que nos tiene que llevar al aeropuerto también. Esta vez parece que le comenta algo. A ver dónde acabamos.

Nepal Nagarkot Nubes

 

Acabamos en el aeropuerto antes de las cinco de la tarde. El de Katmandú, el Aeropuerto Internacional Tribhuvan, es más bien pequeño. Ya lo conocíamos del vuelo a Bután. No hay nada que hacer más que preguntar por el mostrador en el que facturará Qatar Airways (la facturación todavía está cerrada) y sentarse delante en el suelo para jugar a las cartas. Primero tratamos de encontrar un buzón para echar las postales de Nepal. En el coche nos dijo K.C. que no pasábamos cerca de ninguna oficina de correos, pero que casi seguro encontraríamos una aquí. La que está aquí está cerrada y no somos los únicos con postal en la mano que buscan un sitio para ponerla. En la oficina del cliente, que está enfrente de la postal, nos cogen las postales y se ofrecen a enviarlas cuando abra la otra (el sábado es festivo).

Una hora después se empieza a mover en los mostradores el personal de Qatar. Serán tres mostradores, de manera que nos ponemos por separado para cubrir dos. El objetivo es conseguir la salida de emergencia en los dos vuelos. Cuando vinimos vimos que los asientos de salida de emergencia de ventanilla era muy amplios y que tenían incluso reposa piernas. Mientras esperamos llegan unos turistas siguiendo a unos que empujan sus maletas en carros. Los de las maletas pasan por delante de mí ignorándome y les colocan los primeros de la fila. Les digo que yo ya estaba allí esperando y me piden perdón señalando a los maleteros. Estos no han movido el equipaje por amor al arte y se quedan esperando su propina. No debe haber sido suficiente porque a los dos minutos vuelven y les piden más. Los alemanes (parecen alemanes) acaban por darles todas las rupias que tienen y algún euro. Después de eso se colocan, ellos porque las maletas las dejan delante, detrás de mí.

Abren el mostrador y pedimos nuestros asientos de salida de emergencia. El tipo, siempre con una sonrisa, nos dice que en el trayecto de Doha a Madrid no nos los puede dar porque no lo controla, pero sí en el primero a Doha. Eso de que no lo controla nos suena a excusa barata, pero tampoco podemos hacer nada para conseguirlo.

  

2 comentarios

  1. 2 septiembre, 2010 en 10:34 — Responder

    Hoy no puedo poner el audio, si es el everest, con tanta niebla, no impresiona, pero bueno, algo es algo.

    Me encantan tus peleas con la comida jajajaj

  2. 3 septiembre, 2010 en 10:14 — Responder

    Tampoco tenemos claro si es el Everest… casi seguro que no. Nos pasó como en Japón que vimos el Fuji desde el tren bala, el Everest lo vimos desde el avión camino de Bután. O eso dijo uno de los guías que iba en el avión con otro grupo.

    La lucha por la comida :-p

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