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Pokhara, por la ciudad

  

Miércoles, 31/03/2010 (y 4)

El conductor nos deja en el parking y se va. Bien por ti porque no iba a haber propina. El guía entra con nosotros al hotel. Se sienta en una butaca mientras hablamos con el de recepción. Le preguntamos si sabe algo de nuestra agencia, si le han dicho a qué hora tenemos que salir mañana. No tiene ni idea, pero le preguntará al conductor. Nos vuelve a recordar el tema cena. Le decimos que sobre las siete nos irá bien. Le preguntamos qué hay y nos dice que comida típica nepalí (ya estamos cansados de comer lo mismo, aunque parece que es que la comida típica nepalí es siempre lo mismo, no hay mucha variedad). También hay pollo, pollo y pollo. Le pedimos una carta para poder leerlo. Nos trae la carta del restaurante y además de nepalí y pollo hay muchas más cosas.

El tipo, en su función de ser desagradable, nos dice que una persona un plato. Entiendo lo de un hombre un voto, pero no poder comer un par de cosas (siendo una la sopa) me parece excesivo. Va a ser que Prachanda le da un fijo por nuestra cena y que éste quiere ganar lo máximo posible. Pues va a ser que no, cogemos lo más caro de la carta, que son un filete a la parrilla y uno igual pero con pimienta. En cualquier caso son unos tres euros cada uno, mucho menos de lo que costaban las cosas en la montaña. Sara le pregunta si puede pedir postre y el tipejo le dice que postre o sopa. Pues postre, que también es más caro. Pudding de chocolate Sara y pudding de arroz yo.

Ha hablando con el conductor y le ha dicho que mañana saldremos a las ocho de la mañana. Así evitaremos los atascos y para la una o las dos estaremos en Katmandú. Nos pregunta si queremos parar en Manakamana, el templo al que se llega con funicular. No lo sabemos, le decimos que depende del tiempo. Nos dice que el tiempo no importa que hay un templo arriba… ya lo sabemos, pero el tiempo importa para disfrutar del teórico paisaje, listo.

Nos vamos a la habitación a darle al fuet. Sólo hemos comido fuet una vez en este viaje y fue en esta misma habitación. Después nos tumbamos en la cama, la mañana ha sido muy dura con tanta cuesta y tanta escalera.

Tan dura ha sido que nos hemos dormido durante dos horas. A las seis y cuarto bajamos a recepción para decirles que si puede ser la cena a las siete y media, para que nos dé tiempo a dar una vuelta por la ciudad. Ahora nos dice que si queremos ver el templo de Manakamana tendremos que salir a las seis y media de la mañana. Este tío no deja de caerme mal en ningún momento.

Salimos a la calle. Lo primero comprar una botella de agua fresca. Como ayer a 15 rupias… esta mañana pagué 20 en la zona de tiendas local por ir con el guía. Luego cambiar. Hemos decidido que iremos al templo esté el tiempo como esté para hacer una parada durante el viaje y estirar las piernas y el funicular hay que pagarlo. Nos quedan los billetes de 50 que no quiso Prachanda y uno de diez euros. Intentamos cambiar el de 50 de manera que nos den 40 euros y 10 en rupias. En el primer sitio de cambio no lo conseguimos, pero en el segundo no nos ponen ninguna pega. Nos dan uno de 20 y dos de 10 euros, y 930 rupias. El euro y sus caídas cada vez que salimos de Europa. En la siguiente tienda venden sellos. Parece que lo vamos a hacer todo rápido. El de la librería, los sellos se venden en librerías, nos dice que en la oficina de correos los sellos cuestan 30 rupias (que es lo que llevan escrito) pero que él los vende con un extra de cinco rupias por sello. Pues muy bien por ti, ya nos escribirás una postal cuando te hagas rico… nosotros compraremos los sellos en un sitio más oficial. En el aeropuerto también los vendían.

A partir de ese momento caminamos entrando en las tiendas de trekking. Los precios son más que interesantes, pero no encontramos unos pantalones que me gusten del todo (los de Decathlon han sido una gran compra para el Mustang) ni un corta vientos para Sara. Pero hacemos tiempo y recorremos un poco de la calle de tiendas de turistas de la ciudad. Como el tema de luz es tan complicado aquí como en Katmandú las tiendas tienen una bombilla potente en la puerta y luego una más floja dentro. La bombilla potente atrae a unos insectos del tamaño de mi dedo gordo que no paran de volar alrededor y que se chocan contigo cuando entras en las tiendas. Muy desagradable.

Volviendo compramos otra botella de agua. Sara les pregunta dónde venden sellos y le dicen que en las librerías. Hemos pasado por una hace un momento y vamos a preguntar. Teniendo en cuenta la cantidad de conversaciones absurdas que hemos tenido en este país, ésta es una de las que quedan más arriba. El de la tienda nos dice que sí que vende sellos, pero con las postales. Le preguntamos si no nos puede vender el sello sólo (ya tenemos las postales) y nos dice que no, que le quedan pocos sellos y que no se puede quedar sin ellos… Son casi las siete y media de la tarde, no creo que vayan a venir hordas de turistas deseando comprarte una postal con sello. Nos dice que mañana irá a la oficina postal a por más. Enhorabuena, hoy has dejado de vender tres.

La cena en el hotel es íntima. La ciudad está llena de restaurantes y somos los únicos que estamos aquí cenando. La luz es escasa, tanto corte es lo que tiene, pero casi mejor. La limpieza de los manteles y de los cubiertos así queda oculta, con luz también quedaría oculta, pero por la porquería que la cubriría.

Como ya habíamos hecho el pedido nos sacan los filetes al poco de sentarnos. Están ricos. En este país la carne tiene una textura rara. Da la impresión de ser carne picada que luego juntan para “crear” un filete. El otro día el filete de yak estaba hecho así seguro. Hoy da la impresión pero creemos que no. Será que tener la carne al sol mientras esperan que alguien la compre le da esa textura

El postre es malo. El pudding de chocolate es como el mío de ayer. Llega caliente y con un sabor mitad chocolate mitad caramelo, mitad indefinida. Y el de arroz es un quiero y no puedo de arroz con leche. Por lo menos aquí sí que saben que el postre se sirve cuando se ha acabado el plato principal.

Le hemos dicho que iremos a ver el templo y nos recuerda que entonces hay que salir a las seis y media. Sara le pregunta al camarero si podremos desayunar a las seis y nos dice que no hay problema, a las seis ya sirven desayunos, pero que nosotros no lo tenemos incluido. Ya empezamos con más líos.

Salimos a la recepción y allí está nuestro amigo. Nos enseña el vale que nos entregó Prachanda y nos dice que es un modo EP. Resulta que EP es sólo alojamiento. Nosotros tenemos el desayuno todos los días del viaje, así que alguien ha cometido un error. Le decimos que llame a Prachanda para confirmarlo. No tenemos más que el teléfono de la oficina y ya estará cerrada. El del hotel tiene su móvil y le llama.

Se ponen de acuerdo y nos dice que Prachanda se hará cargo del coste, que si queremos hablar con él. Ya que estamos…. Sara le dice que por qué no estaba en el vale y le responde que la idea era tomarlo con Keisi en otra parte, pero que como ya no está Keisi lo tomaremos en el hotel. De todas formas nos dice que nos veremos mañana, será que el conductor nos llevará a su oficina en lugar de al hotel directamente. Esta mañana cuando nos despedimos de Keisi le dijimos que nos veríamos mañana en Katmandú y él respondió que eso esperaba… Como nos cambien el guía a ver qué nos encasqueta.

Al colgar con todo arreglado el simpático del hotel nos dice que tenemos dos llamadas al móvil de Prachanda que hay que pagar. Toma ya, y espera que se las paguemos nosotros. Le decimos que acabamos de llamar porque había un problema con el vale, que lo pague él. Lo acepta, pero dice que el otro día que estuvimos allí también hicimos una llamada de diez minutos. Otra que tal, que la pague Prachanda que todas han sido culpa suya. Él dice que lo hablará con Prachanda y según cogemos la llave y nos damos la vuelta le llama. Tampoco te debe salir tan caro llamarle al móvil que no haces más que hacerlo, seguro que tiene algún tipo de tarifa plana y sólo quiere hacer más negocio… ¿he dicho que me cayó mal desde el principio?

Se nos han quitado las ganas de volver a salir a la ciudad. Comprar porque sea todo muy barato no es un buen motivo. No estamos tan seguros de que no sea todo imitación Made in China, por muy The North Face y Millet que lleven escritos.

Nos quedamos en la habitación cerrando las mochilas. Esta mañana cuando volvimos a verlas y nos encontramos con la ducha las desmontamos enteras buscando las bermudas y el resto de ropa limpia y no nos molestamos en ordenarlas. Mientras lo hacemos vemos pasar un par de insectos parecidos a cucarachas por el suelo… una escapa por debajo de la puerta, la otra escapa directa a la reencarnación bajo la suela de la zapatilla.

Con eso de que hay que estar saliendo a las seis y media, para no hacer nada mañana en toda la tarde en Katmandú, habría que dormir pronto, pero como nos hemos echado una siesta de dos horas y mañana en el coche nos volveremos a dormir con casi total seguridad tampoco hay demasiada prisa. Escribo el diario y vemos un poco la tele antes de dormir.

  

2 comentarios

  1. 12 agosto, 2010 en 17:16 — Responder

    ya ando por aqui.Me ha gustado la descripcion de la cena,me ha hecho gracia lo de mejor sin mucha luz.

    oye,no lleva tu cara mas pelo de lo normal??????

  2. 13 agosto, 2010 en 10:58 — Responder

    Ya has vuelto de Cuba?? ya nos contarás 🙂

    Después de casi dos semanas comiendo lo mismo, es mejor ni verlo! jajaja

    Cuando vamos de viaje el pelo de la cara va creciendo :-p no te creas que me llevo la máquina de afeitar 😉

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