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Estambul (II), Santa Sofía

Una de las primeras cosas que te sorprenden cuando llegas a Turquía son los carteles como este:

El idioma turco tiene cosas como ésta, no es que sea la entrada para «guiris«, que en realidad también lo es, sino que es su manera de decir entrada. Salida no tiene tanta gracia: Çikiş.

Estambul ha cambiado de nombre casi tanto como San Petersburgo. Fundada alrededor del año 659 a. C. El marinero griego Byzas fundó Byzantium (Bizancio) junto al puerto natural del Cuerno de Oro. Posteriormente pasó a convertirse en una colonia de Roma. Debido a ese apoyo a Roma fue incendiada y quedó en ruinas entre 193 y 196 d. C. Roma decidió reconstruirla bajo el nombre de Augusta Antonina. Nombre que volvió a cambiar cuando el emperador Constantino alcanzó el poder y la renombró Constantinopla. Cayó en manos turcas frente a las tropas de Mehmet II en 1.453 y así se ha mantenido hasta nuestros días.

Santa Sofía, Ayasofya Müzesi, es en la actualidad un museo (müzesi) en lugar de la mezquita (camii) en que se convirtió tras la conquista turca de Constantinopla. La basílica se construyó en el año 537. Su fabulosa cúpula sólo aguantó en pie hasta el año 559, en que cayó por un terremoto. Tras eso la basílica perdió su esbeltez original debido a la incorporación de gran cantidad de contrafuertes y sólidos muros para soportarla. También se disminuyó el diámetro de la cúpula y su altura original. Con todo y con eso, la cúpula está a 56 metros de altura.

La basílica originalmente estaba dedicada a la Sabiduría Divina Hagia Sophia, no a ninguna santa Sofía.

Hasta la toma de la ciudad la basílica de Santa Sofía era la segunda iglesia cristiana más grande del mundo (la acababa de adelantar la catedral de Sevilla), para pasar posteriormente a ser mezquita. En la actualidad sería la cuarta, tras San Pedro, y las catedrales de Sevilla y Milán.

Los discos decorativos de madera tienen un diámetro de 7,5 metros, llevan inscritos en oro sobre fondo verde los nombres de Alá, Mahoma y de los primeros cuatro grandes profetas.


El interior, al convertirse en mezquita, se decoró con azulejos y con las típicas lámparas circulares. Con su transformación en mezquita se añadió un minbar en el ábside y la galería del sultán decorada con cerámica.

Por suerte gran parte de los mosaicos bizantinos se han conservado hasta la actualidad, en la galería superior. La decoración de la bóveda con la Virgen María con el Niño Jesús también es de la época de la transformación mezquita.

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Comentarios

  • JAAC
    11 febrero, 2010 a las 15:55

    Sólo por ella merece la pena ir. Pero ya ves, Conxa, que la ciudad está llena de maravillas que visitar, desde las mezquitas hasta las cisternas.

  • conxa
    29 enero, 2010 a las 12:57

    Cuando estudiaba historia del Arte, recuerdo que me quedé prendada de Santa sofia, y aunque solo fuera por verla iría a Estambul.