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Sudáfrica (XXVII)

Jueves, 03/09/2.009 (1)

Como cada día nos acostamos más temprano acabamos por despertarnos antes. Hoy saldremos del Ashanti y cogeremos el avión de vuelta a Jo’burg por la tarde. La cocina en el edificio uno del albergue (en el que estamos ahora) es muy pequeña y no tiene mesa. Ayer ya llevamos el tostador a la habitación para la cena y hoy volvemos a hacerlo para el desayuno: pan tostado con nocilla, el batido y el yogurt, y por supuesto la pastilla.

Tenemos que estar en el muelle a las 8:30 con el código que nos dieron cuando compramos las entradas para la isla. A diferencia de ayer que dejó de llover cuando se hizo de día, hoy sigue lloviendo. Dejamos a los Symbios en recepción con su funda para la lluvia y nos llevamos a Okihita. El taxista de la entrada intenta darnos conversación pero tampoco estamos muy por la labor, además de que nos parece que va muy despacio y que vamos a llegar tarde. Al dejarnos, como todos los taxistas de Ciudad del Cabo, nos dice que no tiene cambio y decide quedarse por toda la cara con los más de 5R que nos tendría que devolver. Según él es que es su primera carrera, pero ya nos lo han hecho más veces.

Bien de tiempo llegamos a la venta de billetes para recoger los nuestros. Le piden la tarjeta de crédito a Sara y le hacen firmar un papel. Ya está todo, pero no nos han dado las entradas. Se lo decimos y ella cree que le pedimos una copia del papel firmado. Sale y se va a la planta de abajo a hacer una fotocopia. Mientras vuelve dicen por megafonía que todos los viajes del día están cancelados debidos a las condiciones meteorológicas (rachas de viento). Tampoco nos parece que haga tanto, pero será que el muelle en la isla está poco protegido. Al volver la de las entradas le decimos que no queremos copia, que lo queremos es que nos devuelva el dinero y nos explica que eso es lo que acaba de hacer. Por eso no había entradas.

Dentro del edificio hay un pequeño museo que cuenta la historia de la isla. Se utilizó como cárcel por primera vez en 1.525 por parte de los portugueses y pronto fue el «hogar» de prisioneros políticos, gente caída en desgracia al gobierno local o de Holanda. A pesar de la cercanía a tierra firme sólo hay un registro de un preso que se fugara nadando (al menos en la pared del museo). Durante muchos años también fue el centro de internamiento de enfermos mentales y de leprosos, albergando un gran hospital. En los primeros años no había separación racial y sólo era por sexos, pero poco a poco comenzó la segregación.

Con la llegada de los ingleses en 1.795, los prisioneros pasaron a formar parte de las tropas británicas. Para evitar que volviera a pasar la cárcel fue desalojada en 1.806, otro de los intentos de invasión.

Después de la primera guerra mundial cayó en desuso. Se trasladaron los enfermos y se vació la cárcel, quedando en la isla sólo la familia del farero. Con la llegada del apartheid retomó su historia como cárcel política y alojó durante muchos años a los cabecillas del movimiento de integración negra, ANC Congreso Nacional AfricanoA, entre ellos a Nelson Mandela.

En la planta superior hay fotos y carteles de los movimientos que se produjeron en el exterior del país para pedir la liberación de los presos y el cierre de la prisión. No fue hasta 1.991 que se liberó al último de ellos. Posteriormente la isla fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO y unas ráfagas de viento (escaso desde nuestro punto de vista) nos han dejado sin verla.

Desde aquí caminamos, viviendo el peligro de andar solos por una ciudad sudafricana, hasta el castillo.

Es la construcción más antigua de Sudáfrica, de 1.663. Inicialmente se construyó en madera, pero para principios de 1.700 se rehizo en ladrillo. Tiene planta de estrella de cinco puntas y cada uno de sus torreones tiene como nombre uno de los títulos de Guillermo III de Orange. Llegamos con tiempo para la visita guiada, la entrada son 25R por cabeza y la visita es gratuita a las 11, las 12 y las 14.

Nos llevan a los calabozos, a la sala de tortura y nos indican donde vivía el gobernador. En una pintura descubierta hace relativamente poco, aparecía un estanque en el interior del castillo. Realizaron excavaciones y comprobaron que había estado allí, pero que se mandó destruir posteriormente. La han rehabilitado y le da un toque de casa de campo. El castillo tiene varias salas museo: militar, de la guerra anglo-boer, la primera y la segunda conquista inglesa y del mobiliario de la época. Las salas se ven sin guía.

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