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Sudáfrica (XXIX)

Jueves, 03/09/2.009 (y 3)

El vuelo llegó unos minutos antes, pero entre llegar a la terminal y que salieran los Symbios, salimos casi a las nueve (la hora de llegada eran las 20:50). Como la primera vez el conductor del Brown Sugar no está por ningún sitio. Esperamos media hora antes de llamar por teléfono para preguntar por él. El tipo le dice a Sara que ha venido a buscarnos a las 20:30, muy bien, el vuelo llegaba a las 20:50 pero el caso es que ahora no está. Le dice que salga a la calle que está por allí o que va a llegar. A la calle se sale por cuatro puertas distintas así que tampoco es tan fácil que nos encuentre en la calle, lo que tiene que hacer es volver a la puerta con el cartel y ya le encontraremos nosotros. Pero esto sería demasiado fácil.

Un cuarto de hora después volvemos a llamar y el tipo de recepción poco menos que le dice a Sara que deje de molestarle y que llegará cuando llegue y que esperemos fuera, después de estas simpáticas palabras, le cuelga. Como esto ya esto ya parece una broma decidimos llamar a la jefa a su móvil. Ella también dice que el conductor está buscándonos y que qué ropa llevamos… que no es el conductor el que nos tiene que buscar, que lo que tiene que hacer es venir a la única puerta por la que salen los pasajeros de vuelos nacionales y enseñar el maldito cartel. Además, al ser un móvil se nos acaban las monedas sin que nos dé una solución.

Por suerte, uno de los que sí que está haciendo bien su trabajo, esperando en la puerta con el cartel bien alto, se apiada de nosotros y llama a la jefa desde su móvil. Le dice que estamos al lado de la policía y que Sara lleva una cazadora roja. Tenemos que seguir esperando y ya llevamos una hora, tendríamos que estar durmiendo que mañana tenemos que salir a las siete.

Todavía pasa otro cuarto de hora hasta que llega el conductor. El cartel lo lleva doblado en la mano y baja desde la planta de arriba. Por si fuera poco, su olor corporal llega cinco minutos antes que él (incluso más que el primer día, debe ser que no se ha duchado en todo este tiempo). Intenta contarnos su vida y le decimos que nos lleve al albergue y que queremos hablar con su jefa, nada más. Con tanto tiempo como se supone que lleva buscándonos resulta que el parking le sale gratis, y gratis son sólo los primeros 15 minutos.

Cuando llegamos la jefa no está y como saldremos pronto tampoco estará mañana. Nos empiezan a contar una película de que si él estaba en la puerta a su hora y que hemos sido nosotros los que no le hemos visto. Que luego se fue a llamar por teléfono para preguntar, porque desde su móvil tiene que pagar más, y que ya se quedó en la puerta hasta que saliéramos. Que luego le llamaron para que entrara y que nos buscara. No nos creemos nada y le decimos que se está riendo de nosotros. Que ya nos tuvo una hora esperando el primer día y que les habíamos mandado los detalles de vuelo a la hora de la comida. Que es ridículo, que lo que tenía hacer era quedarse en la puerta de vuelos nacionales esperando y no salir a la calle. Nos dice que lleva mucho tiempo recogiendo gente del aeropuerto y que algunos dicen lo mismo que nosotros… y ¿no te da eso una pista de que lo haces mal? Otra excusa es que tiene que recoger a mucha gente y no puede estar en todas partes al mismo tiempo, pues lo dices antes. Todo es una excusa después de otra, sobre la marcha.

Tampoco es que consigamos nada, pero nos quedamos a gusto. Lo que está claro es que trataremos de buscar otro sitio en el que dormir el sábado antes de coger el avión. La habitación de hoy es otra, y hay que decir que es la mejor que nos han enseñado en este sitio y que para los 270R que cuesta está muy bien. Pero de todas formas la idea es no volver.

Entre unas cosas y otras nos acostamos casi a las doce y mañana a las 6:30 hay que levantarse. Además de que hoy hemos estado todo el día andando y el vuelo desde Cape Town. Lo bueno es que nos dormimos antes de apoyar la cabeza en la almohada.

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