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Sudáfrica (XXII), Cuevas Cango

Martes, 01/09/2.009 (1)

El desayuno se sirve en el mismo sitio que la cena de ayer. Para ganar tiempo pagamos todo antes Entre la habitación, la cena de ayer, el desayuno de hoy, el shuttle a George (ida y vuelta) y el transporte de hoy a la cueva y la granja de avestruces, son unos 90 euros entre los dos. Las entradas a lo que visitemos hoy no están incluidas y se pagan allí.

El minibus que nos lleva a las cuevas Cango es el mismo que nos recogió ayer en George y con el mismo conductor. Es un personaje, además de ser el conductor también es el cocinero de las barbacoas, está todo el tiempo cantando, bailando y gastándole bromas a todo el mundo y, cuando va conduciendo, no hace más que saludar a gente, todos le conocen. Las mochilas se quedan en la recepción del albergue, los Symbios y Okihita, no creo que la cueva sea el mejor lugar para ella.

La cueva ofrece dos itinerarios posibles: el estándar y el de aventura. El estándar tiene una duración de una hora y el otro de hora y media. Somos cinco, nosotros dos y las chicas de Sri Lanka, y ellas quieren aventura. Pues haremos todos aventura, aunque los dibujos que hay en la pared indicando el tamaño de los huecos por los que habrá que pasar no me da mucha confianza. Además pone que no hay que llevar cámaras. Le preguntamos al personaje conductor y nos dice que no hay problema con la mochila de Cany, que es de cámara y va bien. Bueno, ya veremos que pasa.

Tenemos que esperar porque el primer grupo es de estándar, nosotros entraremos a las nueve y media. Nuestro amigo nos ha dicho que nos espera en la salida a las once, después iremos a la granja. El minibús llevaba enganchado un remolque cargado de bicicletas, suponemos que para los que hacen otros circuitos que incluyen el paseo. Poco antes de entrar llega un montón de gente que va a hacer el mismo recorrido, y yo que pensaba que íbamos a ser pocos. Son los que luego cogerán las bicis.

El guía que vendrá con nosotros es un tipo bastante gordo, lo que me da cierta confianza, si él va a pasar no debería tener problemas. Eso sí va muy despacio y nos cuenta un montón de cosas llenas de bromas sin gracia que nos van retrasando. La cueva se descubrió en 1.780 a la luz de un candil. A falta de medios mejores el descubridor la midió como algo gigantesco (es lo que tiene no ver a medio metro de donde estás). Se han encontrado restos de pueblos antiguos que la habitaron, pero sólo la entrada, jamás se aventuraron a la zona oscura por miedo a los espíritus.

En la primera cámara se organizaron conciertos durante muchos años pero, alrededor de 1.940, dejaron de realizarse por los actos de vandalismo. La segunda es la más espectacular y tardó bastante en descubrirse. Igual que antes porque sólo llevaban un candil y el suelo no estaba tan llano como hoy en día. En esta cámara está la formación más antigua, de un millón y medio de años.


A partir de aquí es adentrarse en la cueva hasta llegar al momento en el que comienza la visita de aventura. El guía lo pinta cada vez peor, lo que nos hace pensar que no debe ser para tanto. El principio del recorrido es una escalera que sube y baja de 127 peldaños. Desde ahí un tubo en el que hay que caminar agachados y después se llega a una escalera metálica y casi vertical que lleva a la parte «divertida». En ese punto se pueden dejar cosas porque luego volveremos por el mismo sitio.

El final de esa escalera es otro tubo más estrecho y resbaladizo que marca la tendencia de lo que nos espera: huecos en los que pasar de lado y casi sin respirar; otros en los que deslizarse por el suelo porque no hay altura para andar; buscar peldaños entre la roca pulida; etc. Hasta que llegamos a la chimenea del diablo, un tubo casi vertical (y hacia arriba) de unos cuatro metros y de una estrechez enfermiza. Ya lo he pasado mal alguna vez y con la mochila de la cámara no ha sido fácil. Aquí, además de la cámara, es que no me llama la atención agobiarme de esta manera, que viendo cómo lo pasa la gente que está haciéndolo tampoco hay que apurar. Como en casi todo este viaje de backpackers, soy el más mayor del grupo y ya no estoy para estos trotes (aunque si hubiera sido más joven tampoco me habría llamado la atención).

Decidimos que hasta aquí hemos llegado. Miramos el reloj y vemos que ya son las once menos cinco y más de la mitad del grupo está todavía haciendo cola para meterse en el agujero. El guía aparece en ese momento, se había quedado en la escalera de hierro y lo cierto es que pensábamos que nos había abandonado. El tipo no lleva ni reloj, ni sabe la hora que es. Nos dice que no nos preocupemos que nuestro bus nos estará esperando. Eso lo tenemos claro, pero lo que no está tan seguro es que nos dé tiempo a ver las avestruces si esto se alarga demasiado. Nos dice que para las once y media estaremos fuera. Se lo creerá él, porque nosotros no.

Antes comentó que el camino de vuelta era el mismo que el de ida, pero resulta que aquí se hace un lazo y no hay que volver bajando por el tubo. Eso puede animarnos más a entrar, pero ya estamos cabreados por el horario. Hemos venido hasta este pueblo por las avestruces, de las cuevas nos enteramos cuando llamamos para reservar habitación. Tenemos la opción de volver por donde hemos venido hasta donde dejamos las chaquetas y esperar allí a que lleguen. Eso es lo que hacemos, mirando la hora y esperando que se den prisa.

Entre unas cosas y otras, no salimos de la gruta hasta casi las doce. Nuestro conductor está allí y, según él, no hay problema para la visita de la granja. Aquí la gente no tiene prisa y los horarios sólo sirven para estresar a los que los miran.

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Comentarios

  • JAAC
    22 octubre, 2009 a las 08:57

    Tienes razón Conxa, también era de campeones… motivo más que suficiente para que superara los 75 kilos! jajajaja

    Y eso que la parte realmente estrecha estaba demasiado oscura para hacer fotos. Tan estrecho y complicado se puso que nosotros desistimos.

    Son todos parsimoniosos, pero eso no quita que pongan nervioso al resto del mundo :-S

  • conxa
    21 octubre, 2009 a las 10:58

    Este desayuno también es de campeones eh???

    Impresionan las cuevas, sobre todo cuando se estrechan tanto, ufff que agobio me daría a mí.

    Menos mal que son parsimoniosos con el tiempo todos en general.