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Perú (XXXIV), Chivay

Domingo 10/05/2009 (y 2)

Antes de entrar en Chivay, la capital del Valle del Colca tenemos que pagar una entrada de 35 soles para extranjeros. El guía recauda todo el dinero para acelerar el proceso aunque sigue siendo lento. Entre Patapampa, con 4.800 metros, y Chivay, con 3.651, no debe haber mucho más de 50 o 60 kilómetros de más que pronunciado descenso.

Nada más pasar el control nos para en un restaurante con bufé libre en mitad de la nada. Mal vamos. Nos habían dicho en la agencia que podríamos elegir el sitio y que había menús entre 5 y 20 soles. Por supuesto este sitio es de los de 20, bufé libre. Como Sara no está a pleno rendimiento tampoco nos apetece pagar 20 soles para que coma un poco de arroz cocido. Se lo decimos al guía y nos dice que también hay carta. En seguida llega un camarero muy servicial con la carta pero todo cuesta más que los 20 soles del menú. Decidimos esperar y luego comeremos el queso y el pan que todavía llevamos en la mochila. Le preguntamos si la cena y la comida de mañana van a ser igual, si nos van a llevar a un sitio donde no haya más restaurantes. Nos dice que no, que serán las dos en el pueblo, que ahora estamos ahí porque las dos brasileñas tenían incluida la comida en este sitio. Pero que en el pueblo todo es bufé también. Visto lo visto le informamos de que lo más seguro es que no vayamos a la cena espectáculo si tiene que ser la comida que ellos digan.

Una hora después, en principio iban a ser 45 minutos, salimos hacia el pueblo. Como ya nos dijeron en la agencia había diferentes categorías de hoteles, siendo el nuestro el básico aunque con baño privado y agua caliente. La diferencia con los demás empezaba porque el básico no tenía calefacción. Cierto es, pero es que parece que tengan el aire acondicionado puesto. Hace mucho más frío dentro que en la calle.

En el básico nos quedamos la familia arequipeña, las brasileñas y nosotros. El de recepción se hace un lío con las llaves. La familia quiere una matrimonial y una triple que estén juntas y les dan habitaciones separadas y que no son lo que quieren. Enseguida se aclara y las habitaciones se dan correctamente. La nuestra está en mitad del pasillo, en realidad todas las habitaciones dan a un pasillo en todas partes, pero la nuestra es interior y la ventana da al pasillo. Al menos hay una cortina. En la habitación hace todavía más frío. El guía nos ha dicho que en una hora pasará a recogernos para ir a La Calera, unos baños termales a tres kilómetros. Ese tiempo lo pasamos en la cama tratando de entrar en calor. Sara pregunta en recepción por un restaurante cercano pero no parece que haya.

A las cuatro y media bajamos a recepción y llega nuestra furgoneta. El guía entra a buscar a la familia y a las brasileñas. Las brasileñas no van, se encuentran mal y quedan ya para la cena. La familia sí que viene. Después recogemos a los maños y finalmente a los ucranianos. Lleva cada uno un walkie-talkie y se avisan entre ellos para salir a la furgoneta. Son una pareja y otro hombre. La pareja lleva cada uno una cámara Nikon con un más que decente objetivo y en cada parada han tirado ni se sabe cuántas fotos. A los baños también llevan la mochila de las cámaras. Las dos que estaban en nuestro hostal en Arequipa, que no han bajado ni una vez de la furgoneta, ni para comer, tampoco vienen a los baños.

El sitio de los baños es parecido a un onsen japonés. Hay una piscina interior y otra exterior. Hace bastante frío en la calle y no nos acaba de llamar la atención el exterior, más aún en el estado de Sara. La interior es bastante pequeña y cuando llegamos está llena de gente mayor. El cambiarse y ducharse para entrar nos deja helados, pero, por suerte, da tiempo a que se vacíe un poco la piscina. El agua está caliente, pero no llega al nivel del onsen. Es agua volcánica y contiene azufre, calcio, hierro, etc. En teoría es buena para la artritis y otras afecciones reumáticas.

Después de un rato en el agua quedamos en que cuando Sara quiera salir alquilaremos una toalla (en el hotel ponía expresamente que no se podían sacar las toallas), se vestirá y luego iremos a la piscina exterior que es más grande para que me bañe un poco. Así lo hacemos y, aunque parecía que iba a ser horrible, el camino entre las piscinas nada más que con el bañador mojado y la toalla por encima no es tan frío.

La piscina exterior parece más caliente. Puede ser porque yo tenga más frío. Es mucho más grande y tampoco queda mucha gente dentro. Me doy unos largos y salgo. En la orilla de esta piscina están los ucranianos hablando con el guía. No se han bañado. Existía la posibilidad de comprar una entrada sólo para visitar las piscinas y un museo interior por 5 soles o una con baño por 10. Del museo ni nos hemos dado cuenta y cuando nos enteramos ya está cerrado.

Mientras hacíamos el recorrido por los hoteles en la furgoneta hemos visto que el pueblo no parece gran cosa y que no será tan fácil encontrar donde comer, así que le decimos al guía que nos acercaremos a la peña folclórica. Otra cosa que nos ha llevado a decidirnos han sido unas estatuas que hemos visto en el camino: dos bailarines una mujer y un hombre vestido de mujer. Nos ha explicado el guía que es el baile típico de la zona. Los padres de las chicas eran muy celosos y no permitían que bailaran con chicos, así que estos tenían que disfrazarse de mujeres para poder hablar con ellas. La señora peruana nos comenta que hay otra explicación, que se disfrazaban para no ir a la guerra. De cualquier forma parece curioso y como habrá que comer en algún sitio, que la piscina abre el apetito, nos acercaremos a donde ellos nos quieran llevar.

Nos dejan en el hostal para recogernos en cuarenta minutos. Otra vez a la cama porque estamos seguros de que tienen una nevera abierta o similar en algún sitio. Antes de la hora nos llaman que nuestro carro nos está esperando. Raro nos parece, pero nos vestimos y bajamos. Raro era y es que no es nuestro carro, nos pide disculpas y volvemos a subir.

A la peña folclórica sí que vamos todos, incluso las dos perdidas. Es un menú de 19 soles, que no incluye bebida como siempre, con un montón de entrantes y platos de fondo para elegir. Nos explican lo que son y yo me decido por un «ocope arequipeño» de entrante, Sara pide papas al vapor sin nada. Esta vez lo han entendido a la primera y no hay retraso. El ocope arequipeño lleva papa cocida con una salsa de aji, no muy picante, cebolla y ajos, galletas de animalitos o vainilla, maní, una ramita de huacatay, sal y aceite licuados. La salsa es ligeramente pastosa. La verdad es que si lo hubiera visto en un plato no lo habría cogido, pero esta muy rico. Lástima que el pan no cuajó en la conquista tanto como la religión: no hay y no se puede mojar. De segundo Sara pide bistec de alpaca y yo otra delicatessen local: no sé qué de quinua. Es un bistec de alpaca con una salsa de leche, queso y quinua, un cereal local. La sopa que nos dio nuestra mama en Amantaní tenía este cereal. De nuevo el aspecto me habría tirado para atrás, pero está delicioso. El postre es arroz con leche y una especie de confitura de fresas con plátano.

Aquí tampoco había calefacción, sólo una pequeña chimenea recién encendida que no conseguía calentar el ambiente. Las brasileñas están sentadas frente a nosotros y nos preguntan si nos encontramos bien. Ellas están sufriendo en mal de altura desde que llegaron a Perú: vómitos, diarrea, dolor de cabeza,… y pasado mañana van a Bolivia. Tiene que ser horrible encontrarse mal por la altura todos los días. Sara lo sabe bien, aunque seguimos pensando que es más por la leche del zumo de piña. Ellas se deciden por un mate de coca y una crema de espárragos y otra de espinacas.

Durante la cena un grupo de música interpreta canciones locales y un par de bailarines ejecutan algunas coreografías. Al final cogen a gente de las mesas para bailar y el fin de fiesta es tratar de que todo el mundo baile. Yo ya «piqué» en Egipto y Sara sigue sin estar para bromas.

De vuelta al hostal quedamos para el desayuno, el guía vendrá a buscarnos entre seis y seis y cuarto así que el desayuno tendrá que ser a las 5:30.

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Comentarios

  • Alicia32
    13 julio, 2009 a las 09:59

    ¡¡AY, lo del mal de altura la verdad es que como te toque tiene que ser una putada!! yo he leido que es bueno beber mucha agua y a la vez ir orinando para que la presión se vaya igualando. Además que si coca que si pastillas…
    La comida creo que me va a gustar porque aunque dices tú que las pintas…a mí me llama la atención lo que sale en las fotos!!
    Y el frío..¿os dieron mantas o aquí utilizásteis los sacos?

  • JAAC
    13 julio, 2009 a las 10:06

    Ya te digo, planear unas vacaciones y luego estar todo el rato mal sin poder evitarlo, que no es que hayas tomado algo en mal estado, es que la altura te está matando :-S

    Lo de la coca parece que es mano de santo. Como no lo sufrimos tampoco te sé decir, pero lo de beber mucho líquido siempre es bueno, aunque ahora con la temperatura que habrá (invierno allí) no creo que haya muchas ganas de beber.

    La comida estaba muy rica así que no hay más que animarse. Me alegro de que las fotos te animen 🙂

    Hacía mucho frío en la habitación, pero una vez que nos metimos debajo de las mantas se llevó bien. El problema era sacar las manos de debajo de la ropa de cama.

  • Masmi
    14 julio, 2009 a las 22:51

    Menudo cachondeo se llevaban con los restaurantes, no?
    Que bueno lo de los baños termales, seguro que os sentaron fenomenal!
    Que buena pinta tiene toda la comida! mmmm

  • JAAC
    15 julio, 2009 a las 08:41

    Todos los viajes «organizados» tienen eso, tienes que ir al restaurante que ellos quieren y ahí es donde sacan parte de su beneficio.

    Los baños termales fueron una maravilla y nos dejaron muy relajados. Una experiencia bañarse en una piscina de agua caliente con frío fuera.

    Sí, toda la comida riquísima.