Más allá de visitar palacios, pasear por ciudades llenas de rascacielos o disfrutar de una gastronomía exquisita, viajar a Corea del Sur es vivirla. Y no hay mejor manera de hacerlo que “convirtiéndose en coreanos por un rato”. Hacer lo que ellos hacen de una forma natural que, para nosotros turistas, es de lo más chocante. Átate la toalla a la cabeza, come en una tienda de conveniencia, duerme en un templo o hazte fotos en un fotomatón. Las experiencias que tienes que vivir en Corea del Sur van a hacer que tu viaje sea, aún más, inolvidable.

No creas que hablamos de experiencias pensadas para turistas extranjeros. Al contrario, somos los turistas los que hemos acabado por “copiar” las costumbres coreanas que tanto nos han llamado la atención. Es más, por mucho que nos esforcemos, ellos lo harán con mucha más pasión y sentimiento. Nunca podrás querer a un idol como lo hacen ellos, por ejemplo.
Busca un hueco en tu viaje para vivir estas experiencias en Corea del Sur. Estamos convencidos de que serán de los recuerdos más bonitos que te lleves del país de vuelta a casa.
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Antes de “convertirte en coreano por un rato” echa un vistazo a nuestros consejos para viajar a Corea del Sur.
1. Pasar el día en un jjimjilbang, la sauna típica coreana
La sauna típica coreana es, en nuestra opinión, un imprescindible en tu viaje a Corea del Sur. Dependiendo de la que elijas, puede que seas la única persona no coreana dentro del establecimiento. Eso sí, no creas que es porque no hay mucha gente, los jjimjilbang suelen estar casi siempre llenos. Nosotros fuimos un martes de noviembre por la mañana a un jjimjilbang en Suwon, cerca de Seúl, y estaba lleno, pero éramos los únicos extranjeros y costó encontrar a alguien que nos explicara cómo funcionaban las cosas. Echa un vistazo a qué ver y qué hacer en Suwon para completar el paseo.

En nuestras 60 curiosidades de Corea del Sur no podíamos dejar de hablar del jjimjilbang. La sauna típica coreana es mucho más que una sala con paredes de madera en la que la temperatura y la humedad están por la nubes. Allí hay baños de vapor, zonas frías, saunas, espacios privados con televisiones, restaurantes, noraenbang… y hasta habitaciones donde dormir –es habitual, cuando se les hace tarde en el trabajo, pasar la noche en un jjimjilbang, pero eso es para nota–. Por si fuera poco, la experiencia se completa con un “uniforme” que lleva todo el mundo y que te dan en la entrada.
Hay una zona de baño, mokyoktang, separada por sexos donde también hay saunas, piscinas y hasta peluquería, y la zona común, el jjimjilbang propiamente dicho.
No dejes de hacerte un yangmeori con la toalla: enróllala al estilo “cabeza de oveja”… o princesa Leia. Si has visto K-Pop Demon Hunters, sabrás de qué se trata.
2. Alquilar un hanbok o… ponerte un traje típico en cualquier aldea tradicional o museo
Antes de que pienses que vestirse con el traje típico coreano en Corea del Sur tiene que ser una “turistada” máxima, te diremos que la mayoría de los que vimos así vestidos eran… coreanos. Bueno, en Seúl había también muchos chinos y estadounidenses. Cualquier día puedes encontrarte un grupo de coreanos –más habitual que sean coreanas, todo hay que decirlo– con su hanbok paseando por barrios tradicionales o visitando palacios.

¿Sabías que…?
La demostración de que los coreanos no tienen ningún problema con que un turista extranjero se vista con hanbok es que lo motivan. La entrada a los palacios reales de Seúl es gratuita si vas vestido con uno de ellos.
Encontrarás muchas tiendas donde alquilan hanbok en los alrededores de los palacios de Seúl, pero también en todas las ciudades del país. Es más, incluso puedes alquilar un hanbok por adelantado y tenerlo cuando llegues, o reservar un tour con hanbok por un palacio y un barrio tradicional de Seúl.
No solo el hanbok, en bastantes museos y aldeas tradicionales de Corea del Sur encontramos una zona con trajes típicos, sobre todo de la época joseon, con los que vestirte y hacerte una foto. Siempre gratis, es una experiencia incluida en el precio de la entrada.
Nosotros lo hicimos en el Museo de la Medicina Tradicional Yangnyeongsi de Daegu –de médico y enfermera–, en la aldea Tradicional Naganeupseong de Suncheon –de novios– y en el Jejumok Gwana de Jeju –de guardias reales–.

Como decíamos, también verás a muchos coreanos con su hanbok en todos los palacios del país y en las aldeas tradicionales. Incluso hay un día nacional del hanbok, el 21 de octubre. Respecto a otros trajes tradicionales, los cambios de guardia en los palacios de Seúl son el momento perfecto para verlos.
3. Dormir en un templo budista con el programa Templestay
Tanto nos gustó la experiencia, que incluso hemos escrito un artículo solo sobre ella: Dormir en un templo budista en Corea del Sur. Ahí te explicamos cómo hacerlo, mucho más fácil y económico de lo que puedes pensar, gracias al programa Templestay y su página web.

No solo la noche en un entorno tan especial –que, muchas veces, se completa con un lugar físicamente impresionante: en medio de las montañas o junto al mar–, también la vida monástica con exhibiciones, rezos, las comidas… Como el resto de experiencias, no creas que solo hay turistas extranjeros. La mayoría de los que duermen en templos son coreanos.
Confesamos que no lo teníamos como un fijo del viaje, pero nos alegramos mucho de haberlo hecho. Vale, la verdad es que todas las experiencias de Corea del Sur fueron surgiendo mientras estábamos allí. De muchas de ellas no sabíamos nada, ni siquiera que existieran…
4. Cantar en un noraenbang, un karaoke privado
Confiesa, nunca habías oído hablar de un noraenbang y, cuando lo has leído mientras hablábamos de las saunas, te has quedado con la duda. Pero seguro tienes muy claro lo que es un karaoke. Es más, hay muchas probabilidades de que hayas cantado en uno más de una vez. Pues un noraenbang es un karaoke coreano privado. Olvídate de soltarlo todo delante de un montón de extraños en un bar, aquí se canta en una sala insonorizada y puedes dar rienda suelta a toda tu energía sin vergüenza ninguna.

Los encontrarás en cualquier parte, ya hemos dicho que hay incluso dentro de los jjimjilbang. Un equipo de sonido, unos micrófonos, una pantalla y lo que cada empresa haya decidido utilizar para decorarlo. En muchos de ellos puedes pedir también comida y bebida.
5. Comprar ramyeon en una tienda de conveniencia y comerlo allí
El ramyeon es el ramen coreano instantáneo. Y es de lo más popular. Corea del Sur es, según el año, el primer o segundo país con mayor consumo de ramen instantáneo per cápita del mundo: lo comen 79 veces al año de media. Y no, el segundo o el primero, según el año, tampoco es Japón.

Y, ¿dónde lo comen? En todas partes. Pero, sobre todo, en las tiendas de conveniencia. En todas verás que hay unas mesas y sillas junto a una máquina con agua hirviendo y un cubilete lleno de palillos de madera de usar y tirar. No hay nada más coreano que comprar un ramyeon y, directamente, comerlo sin salir de la tienda. Es una experiencia de Corea del Sur y un ahorro: cuesta menos de 1 € y es normal que haya ofertas de dos por uno.
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La mayoría de tipos de ramyeon son muy picantes, como gran parte de la comida típica coreana. Si no estás por la labor de echar fuego por la boca, busca en las tiendas los de Sari Gomtang, con caldo de ternera. Nosotros probamos los de la marca Nongshim, Nongshim Sari Gomtang Myun.
En Seúl también es muy habitual comprar el ramyeon, prepararlo –echarle el agua hirviendo– y comerlo junto al río Han. La experiencia coreana máxima.
6. Disfrazarte y hacerte fotos en un insaengnekeot, los fotomatones coreanos
Más palabras y locales de los que, probablemente, no has oído hablar en tu vida, aunque ya hay unos cuantos en Madrid, por ejemplo. Insaengnekeot es una marca de fotomotones coreana que se ha convertido en el nombre genérico de este tipo de establecimientos. Algo así como kleenex para los pañuelos de papel, vamos.

¿Qué tiene de especial los fotomatones coreanos? Pues que tienes a tu disposición un montón de elementos para disfrazarte antes de hacerte la foto: gafas, pelucas, gorros… Y puedes cambiarlos entre foto y foto. Sí, porque se hacen cuatro fotos y se entregan juntas en un único papel.
¿Sabías que…?
La palabra insaengnekeot en coreano significa «4 cortes de la vida» y cuatro son las fotos que consigues.
Son una “plaga” –en el buen sentido de la palabra– en todo el país. Encontramos varios en cada calle y, en muchas ocasiones, unos seguidos de otros. ¿Cómo elegir entre ellos? Por los objetos para disfrazarte o por el ángulo de la cámara, algunos hacen la foto desde arriba. Abren las 24 horas del día, porque nunca se sabe cuándo vas a necesitar un recuerdo para toda la vida de ese momento, y son bastante económicos –también hay que decir que no tienen mucho gasto, empezando porque no suele haber personal–.
7. Decir hana, dul, set antes de hacerte una foto en un “photo spot”
Lo de los coreanos con la fotografía no se acaba en los insaengnekeot. No hay parque urbano, museo, reserva natural, playa, calle popular… que no tenga un photo spot indicado en el suelo. Sí, ellos mismos te dicen cuál es el mejor punto para hacerte la foto de recuerdo. Hacerte, porque no se trata de sacar la foto del lugar, se trata de sacar la foto del grupo con el lugar de fondo.

Casi como si estuvieran en uno de los fotomatones –con su cuenta atrás en la pantalla–, antes de sacar la foto se oye siempre el clásico hana, dul, set. ¿Qué significa? Algo tan trivial como “uno, dos, tres”. Lo bueno es que, como en los fotomatones, no hacen solo una y, antes de cada click hay un hana, dul, set para dar tiempo a los fotografiados a cambiar de pose.
8. Asarte tu barbacoa coreana
Mucho cuidado con esta experiencia de Corea del Sur. No hubo vez que nos preparásemos nuestra propia barbacoa coreana en un restaurante que no acabáramos con una quemadura en la mano o en el brazo. Vale, puede que seamos más torpes de lo normal, pero el que avisa no es traidor…

Lo hemos contado en nuestro artículo sobre comida típica coreana, la barbacoa es la reina de los menús. Lo que la hace especial es que la carne llega cruda a la mesa y que eres tú mismo quien la prepara sobre unas brasas o una plancha. Además de cocinarla, tendrás que moverla sobre el fuego con unas pinzas metálicas y prepararla para comerla con los palillos, cortándola con unas tijeras de cocina. Por no hablar de los pequeños platos que forman el banchan, los entrantes gratuitos.
9. Dormir en un hanok, la casa típica coreana
Hasta ahora, todas las experiencias de Corea del Sur de las que habíamos hablado eran más populares entre los propios coreanos que entre los turistas. Lo de dormir en un hanok no podemos asegurarlo… Al menos, no podemos asegurar que los hoteles hanok sean los preferidos por los coreanos. Otra cosa es que, en sus casas, duerman usando el tradicional yoibul: un colchón fino sobre el suelo, un edredón y una almohada.

Los hanok son las casas tradicionales coreanas, con su suelo de radiante caliente y sus puertas correderas. La mayoría de ellas ha sido destruida en algún momento de la historia del país –una historia que da para admirar el carácter coreano–. Así que muchos de los hoteles hanok son nuevos, aunque “tradicionales”.
Nosotros lo probamos en Jeonju y, más allá de vivir la experiencia, tenemos que decir que preferimos las camas occidentales en los hoteles modernos. Además de las pantallas gigantes, el aire acondicionado, los enchufes…
10. Pedir pollo frito para comer en el hotel
Pedir comida a domicilio es otra de las costumbres coreanas más extendidas. De hecho, se enorgullecen de sus empresas de envío a domicilio por su rapidez y eficiencia. Obviamente, la mayoría de coreanos pide comida en su casa… pero, cuando salen de viaje también lo hacen desde los hoteles.

En muchos de los hoteles en los que nos alojamos en nuestros casi dos meses en el país había una zona para que los repartidores dejaran sus bolsas con comida y que los huéspedes bajaran a por ellas. La estrella es el pollo frito. Y lo entendemos, porque la temperatura a la que te lo sirven en los restaurantes es suficiente para que se derritan los empastes… Mucho mejor esperar a que llegue a casa, o al hotel, y se enfríe un poco antes de dejarte la lengua abrasada.
Confesamos que, aunque nos descargamos una app para pedir comida a domicilio, no llegamos a hacerlo. Eso no significa que no comiéramos pollo frito en el hotel. En Sokcho, nos acercamos al local en que preparaban dakgangjeong para llevar y nos lo comimos en la habitación.
11. Asistir a un festival tradicional
Si creías que España era el país de las fiestas de los pueblos, es que no conoces Corea del Sur. La cantidad de festivales que hay en el país es una locura. Nosotros perdimos la cuenta de a cuántos asistimos solo en dos meses. Tan poco habitual es encontrar a un occidental entre el público que nos sacaron al escenario y acabamos bailando con un funambulista en Seúl al ser los únicos.

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Las dos grandes fiestas del año en Corea del Sur son el año nuevo lunar, Seollal, y la gran fiesta de la cosecha, Chuseok. Ambas fechas están relacionadas con el calendario lunar: el Seollal se celebra entre finales de enero y mediados de febrero y el Chuseok, entre mediados de septiembre y principios de octubre. En esas fechas hay festivales por todo el país.
Los coreanos adoran un buen festival con su percusión tradicional –samulnori–, sus danzas –como la danza Nongak–, sus conciertos, sus funambulistas, sus desfiles históricos, sus exhibiciones de artes marciales y tiro con arco… Sin olvidar los mercados de artesanía y comida típica de festival, además de los juegos populares coreanos.

También es habitual encontrarse con videomappings sobre murallas o torres defensivas y linternas con formas de personajes populares –populares de todo tipo, desde cantantes K-Pop hasta Darth Vader–.
12. Verte todos los K-Dramas que puedas… en coreano
“Donde fueres, haz lo que vieres”. En este caso, “donde fueres, ve lo que vieren”. Los coreanos consumen sus series de televisión, los K-Drama, con avidez. Con esto en mente, las grandes plataformas de streaming han llenado sus catálogos con títulos coreanos de todo tipo: desde comedias románticas hasta terror zombie. Algunas han dado el salto al resto del mundo, como la archiconocida El juego del calamar.

Cuando viajamos por el país descubrimos que, en nuestras cuentas de streaming, comenzaron a aparecer series en coreano que nunca nos habían salido cuando estábamos en casa. ¿Qué hicimos? Pues darles una oportunidad. Una manera más de entender la forma de pensar coreana. ¡Y nada de escucharlas dobladas!
¿Sabías que…?
Muchos de los hoteles de Corea del Sur cuentan con un router por habitación y una cuenta de Netflix para que puedas ver lo que quieras en la plataforma.
Además de El juego del calamar, no te pierdas Itaewon Class –nosotros hasta buscamos algunas de sus localizaciones en el barrio de Seúl– o Woo, una abogada extraordinaria en Netflix. También Moving en Disney+ o El juego de la muerte en Amazon Prime. Ni, por supuesto, la película Las guerreras K-Pop –aunque sea estadounidense–, Tren a Busán o Parásitos.
13. Comprar una mascarilla en una tienda de cosmética coreana
La cosmética coreana, K-Beauty, puede que sea, junto al K-Pop, la expresión cultural del país más conocida fuera de sus fronteras. Imagina cómo será la devoción por las tiendas de cosmética en Corea del Sur, además de por la belleza en general. Es el país con mayor porcentaje de intervenciones de cirugía plástica por cabeza del mundo.

Solo te diremos que, cuando compramos la SIM para tener internet en Corea en nuestros dos meses de viaje, nos regalaron una mascarilla facial. Tampoco faltan las referencias a las mascarillas y otros productos cosméticos, tanto para hombres como para mujeres, en los K-Dramas.
No hay barrio que se precie de ninguna ciudad del país que no tenga su sucursal de la marca Olive Young, la más popular, pero no la única. Entramos en una pero, la cantidad de opciones y de gente, siempre están llenas, acabó por saturarnos y salimos abrumados.
14. Subirte al monte
Toda ciudad coreana que se precie cuenta con un barrio lleno de rascacielos inmensos, amplias avenidas llenas de coches y habitantes con mucha prisa y estrés. Los coreanos, suponemos que será una manera de escapar de todo eso, son grandes amantes del senderismo. Casi tanto como del K-Drama, del K-Pop y del K-Beauty… ¿inventarán un K-Trekking dentro de poco?

El caso es que, incluso en las grandes ciudades como Seúl o Busán, siempre hay una ruta de senderismo disponible: en las montañas que rodean a la capital o junto a la costa de la segunda ciudad del país. Por supuesto, los parques naturales se llenan de grupos de senderistas todos los días, echa un vistazo a nuestro artículo sobre el Parque Nacional de Seoraksan.

Y no solo es que les guste andar, es que se preparan para ello: ropa técnica, zapatillas, bastones… Eso sí, la mayoría de las rutas son muy sencillas y están “domesticadas”. Las cuestas se hacen subiendo peldaños y los senderos suelen tener una especie de alfombras hechas con soga trenzada para evitar el barro y los resbalones. Incluso puedes encontrar máquinas con agua caliente para el ramyeon en muchos de baños en mitad de los senderos. Y, por supuesto, máquinas limpiadoras de polvo para las zapatillas a la salida de las rutas.
15. Visitar la meca del K-Pop: Gangnam
Lo hemos mencionado ya varias veces y llega el momento de vivir la experiencia del K-Pop. No te vamos a decir que vayas a un concierto de BTS, BLACKPINK O TWICE, aunque seguro que es algo que no olvidarás. Más que nada porque los ídolos del K-Pop, los idols, venden sus entradas con mucha antelación y las agotan en horas.

¿Qué hacer para empaparte de K-Pop entonces? Pasear por la K-Star Road del barrio de Gangnam en Seúl. No busques en el mapa, la llamada K-Star Road es el tramo de la Apgujeong-ro entre la estación Apgujeong Rodeo y la Dosan-daero. Allí encontrarás grandes figuras con forma de oso decoradas con los colores y símbolos de los idols, los GangnamDols, junto a tiendas de lujo y coches deportivos.

La primera canción del K-Pop que llegó a occidente y se convirtió en un éxito mundial también tiene su sitio en el barrio de Gangnam, como no podía ser de otra manera. Para eso se llama Gangnam style. Una estatua de unos brazos gigantescos simulando el baile del caballo con la música de PSY es otro de los imprescindibles del barrio. Echa un vistazo a nuestras 9 cosas que hacer y que ver en Gangnam ya que vas. Total, dos ya las tienes hechas.
16. Hacer un tour a la DMZ, la zona desmilitarizada entre las dos Coreas
La experiencia de hacer un tour a la DMZ es algo más turística que todas las que hemos mencionado hasta ahora. No hay ningún otro lugar en el mundo que tenga una zona desmilitarizada que puedas visitar con una excursión. Y no puedes viajar a Corea del Sur sin acercarte a esa “cicatriz” entre las dos Coreas que sigue siendo una herida abierta.

Aunque vas a encontrarte con muchísimos turistas, no creas que los coreanos no visitan también este lugar. Vale, puede que sea la experiencia de Corea del Sur en que el porcentaje de locales versus turistas sea el más bajo, pero seguirás oyendo muchas veces el hana, dul, set y encontrando unos cuantos photo spot –ojo, que hay sitios en los que está terminantemente prohibido hacer fotos, no te la juegues–.
Eso sí, los recuerdos son al puro estilo coreano: esos muñequitos de guardias de las dos Coreas tan “monos” solo podían tenerlos allí.
¿Cuántas de estas experiencias de Corea del Sur quieres vivir en tu viaje? Espera, ¿cuántas sabías que existían?
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