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Al borde del lago, en Preikestolhytta

Sábado, 27/08/2011 (y 4)

Después de disfrutar de las vistas desde Preikestolen Bienvenidos a Preikestoleny bajar hasta el albergue, Sara recoge la llave mientras yo hago lo propio con la mochila. Nuestra habitación no está en el edificio principal, está en otro. Al entrar hay dos baños a la derecha, luego la cocina y una escalera. Está en la planta de arriba. Es más fácil decirlo que encontrarlo. Por si acaso miramos en el edificio principal porque Sara no está segura si le dijo que no, que sí o qué. También le comentó que el edificio pequeño es el de las duchas y baños para los no alojados en el albergue, que son de pago. Nosotros podemos ir a los del edificio principal, a cualquiera.

En ese edificio las habitaciones tienen números y no nombres. La nuestra tiene el nombre de un fiordo, una roca o vete a saber. Una de esas palabras impronunciables. No está aquí. Vamos al otro edificio, en el que esta mañana la señora de la limpieza me dijo que la recepción estaba en el grande. Pensamos que no puede ser porque no parece tener dos plantas. Hay unas ventanas arriba pero el techo tiene demasiada inclinación.

Resulta que sí es aquí. En la cocina hay una puerta con dos nombres que da a una escalera que parece de mano, con los peldaños muy pequeños. En la planta de arriba hay dos habitaciones. Sólo puedo estar de pie (y dándome con la cabeza) en el centro. La pared llega hasta poco más arriba de 30 centímetros del colchón, las camas están pegadas a las paredes. Hay una mochila grande tirada en el suelo al lado de una de las camas y otra está hecha. Como en el albergue de ayer está el edredón y las sábanas para hacerse la cama.

Haciendo algún que otro esfuerzo, por la postura, dejamos las camas listas y nos tumbamos un rato a descansar. Al poco yo me pongo con el diario y Sara se queda dormida. La habitación tiene un fuerte olor a pintura y la ventana está abierta, eso hace que Sara se destemple. En ese rato conocemos a una de nuestras compañeras de habitación. La cama hecha es de una señora de mediana edad.

La sala común del albergue, Preikestolhytta

Cuando acabo con el día de ayer, no escribí nada en todo el día, bajamos a la sala común del edificio principal. Cuando intentamos hacer el check-in en ese edificio la vimos y nos pareció muy acogedora, toda de madera y con unos enormes ventanales al lago. Llevamos fuet y crackers, Sara lleva chocolate en el bolso y ha ido dando buena cuenta de él durante la subida y la bajada del Púlpito. Yo llevo a Sungin para seguir con el diario y las cartas para echar una partida.

Después de comer y de jugar, enciendo el ordenador. Una pareja de vascos que están en la sala hablan con otra española que les ha visto navegar y les pregunta si tienen la clave de la wifi. Ni había pensado que hubiera, pero sí que la hay. Mientras se la dictan a la chica la copiamos también nosotros, y conectamos.

Se acabó el diario. Empieza la planificación del resto del viaje. Miramos horarios de trenes desde Bergen hasta Myrdal, haciendo parada en Voss, desde Voss hasta Myrdal. Los horarios del tren de Flåm, y empezamos con nuestras cuentas. Para llegar al glaciar qué tendremos que hacer, dónde podremos dormir, qué más queremos ver… Eso nos lleva un buen par de horas de búsquedas y cábalas.

El lago desde la sala común del albergue

La decisión final ha sido: mañana veremos Bergen y cogeremos un tren a Voss. Visitaremos la ciudad y nos quedaremos a dormir en el albergue. Al día siguiente saldremos temprano hacia Myrdal y cogeremos el tren hasta Flåm. Allí el ferry hasta Sogndal, recorriendo el fiordo Aurlandsfjord, que es un brazo del Sognefjord (el fiordo de los sueños), y dormiremos en Sogndal. Al tercer día el autobús a las ocho de la mañana hasta el glaciar y luego ya veremos. Hemos escrito a los del glaciar para ver si se puede cruzar. Nuestra intención es ir a un fiordo que está más al norte, Geirangerfjord, pero no sabemos si hará falta volver a Sogndal. Ya que estamos le hemos preguntado cómo llegar desde Sogndal al glaciar y le hemos dicho el recorrido que queremos.

Por otra parte hemos encontrado una pensión, la única que hay, en Sogndal y les hemos escrito para reservar una habitación. El albergue de la ciudad cierra el quince de agosto. En el albergue de Voss hemos visto que hay disponibilidad en dormitorio. Iremos a la recepción para que nos reserven, desde un albergue se puede reservar en otro.

Antes de salir de la sala común recibimos la respuesta de la pensión. Es automática. Nos dice que no les funciona bien el correo y que les llamemos directamente para lo que sea. Lo haremos mañana.

En la recepción, en el edificio principal, la chica no está por la labor de llamar a Voss. Dice que es tarde y que no habrá nadie, son las diez y media pasadas. Mañana a las siete y media abren la recepción y podremos reservar. A esa hora también comienza el desayuno. Nos ha dicho que suele haber bastante ajetreo con gente que está haciendo el check-out, que si podemos esperar hasta las once será perfecto. Sería perfecto, pero nosotros también queremos salir pronto. Queremos coger el autobús de las 9.15 para Tau y desde allí el ferry a Stavanger. En Stavanger, en la oficina de turismo, trataremos de reservar para Sogndal e informarnos de si se puede ir hacia el norte desde el glaciar y de los horarios de los ferrys.

No nos quedamos muy satisfechos y le pedimos que si puede intentarlo. Si se lo cogen, perfecto, y si no, lo intentaremos mañana. Lo hace, son muy cuadriculados estos noruegos, y no hay suerte.

En nuestra habitación nos encontramos a nuestra compañera ya en la cama y durmiendo, son las once menos cuarto. Tratando de molestar lo menos posible cogemos los cepillos de dientes y, a la vuelta, nos cambiamos para dormir. El cuarto no da señales de vida y no sabemos si es que la mochila es de ella aunque está más cerca de la otra cama. Dudamos si cerrar con llave, aquí siempre está todo abierto, pero dejamos como está. Si llega el cuarto que no meta mucho ruido.

Unos quince minutos después, a las once y cuarto, llega el cuarto. No tiene ni la cama hecha y, a pesar de poner bastante cuidado, no es posible hacerla sin algo de ruido. Cuando se mete en la cama nos dormimos todos. Contaba con no tener que ir al baño, que estaba en la planta de abajo, porque esas escaleras medio dormido tienen que ser imposibles, pero a media noche me he despertado con sed. Tenía agua y me la he bebido… A las seis ya tenía que ir al baño, pero no era muy crítico. El despertador estaba puesto a las 7.10 y podía esperar.

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Comentarios

  • Purkinje
    13 enero, 2012 a las 15:54

    Jejej, qué historia!!! Tengo ganas de que siga el relato…

  • JAAC
    16 enero, 2012 a las 22:21

    La aventura tiene estas cosas, que hay que pararse de vez en cuando a pensar qué se va a hacer después. Y en los «países avanzados» es más difícil porque no hay tanta gente dispuesta a ayudar (a cambio de dinero, obviamente). Es más, en Noruega todos ganan mucho más que nosotros y pocas posibilidades hay de que puedas conseguir que alguien te lleve a donde quieras por dinero…
    Seguirá, seguirá 🙂