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Safari or not safari…

Viernes, 24/06/2011 (1)

En mitad de la noche se han confirmado mis malos augurios. Nos hemos medio despertado por el roce de un bicho en la cara. Primero ha pasado por Sara y luego ha saltado a mi lado. Sólo nos hemos medio despertado porque no ha habido gritos, ni susto, ni nada. Mi mano debía ser lo más despierto de mi cuerpo porque casi como si tuviera vida propia se ha movido hasta pillar al bicho en pleno salto-vuelo y lo ha aplastado. Media vuelta y a seguir durmiendo.

Mala señal. A las cuatro de la mañana nos hemos despertado por el ruido que hacía la lluvia sobre el tejado. El hotel tiene una disposición curiosa, como pequeños apartamentos que dan todos a un patio a distintos niveles y casi todos parecen tener el techo al aire, sin otra planta encima. Como tampoco podíamos hacer nada nos hemos vuelto a dormir. Era mejor eso que empezar a comerse la cabeza con si habría o no safari.

En realidad, aunque no nos hemos dicho nada, los dos teníamos en la cabeza la idea de que el viaje hasta el parque de Ranthambore no iba a ser más que una pérdida de tiempo. Al nivel de la visita a Ajmer…

A las 5.15 el despertador nos ha sacado del sueño. Recordamos algo respecto a un bicho en mitad de la noche y encontramos por allí su cadáver. Para que no se sienta sólo lo dejamos en el “cementerio” de insectos en que hemos transformado el suelo de la habitación a los pies de la cama. Mientras nos vamos vistiendo y preparando para salir lo aumentamos con todos los que han entrado durante la noche y no han sido lo bastante listos como para salir cuando ha sonado el despertador.

Bajamos a la recepción para ver si se confirman nuestras sospechas. No hay nadie, pero no tardan en aparecer. Hoy sí hay luz, pero a estas horas ya no hace falta, es de día.

¡Sorpresa! Habrá safari. Se lo han confirmado. Tenemos que estar preparados para cuando vengan a buscarnos, a eso de las 5.45. Será en un jeep. Debe ser que mucha gente se ha echado a atrás visto el clima. Supongo que todos los que tuvieran pensado venir desde relativamente cerca ni se habrán molestado, y los que sean locales menos aún. En el jeep seremos ocho. Eso es casi un autobús más que un coche.

Encantados de la vida subimos a la habitación. Nos habíamos puesto las camisas con el repelente de mosquitos y habíamos cogido los chubasqueros, pero nos damos otra rociada más de Relec (el antimosquitos) mientras esperamos. Lo mismo, hasta vemos a un tigre. Las cosas se están poniendo muy bien. Cuando decidimos venir pensábamos que sería muy complicado conseguirlo. La jungla es grande y hay pocos tigres, pero por las 950 rupias, ¡que son menos de 15 euros entre los dos!, había que intentarlo. Después comenzamos a dudar incluso de que pudiéramos hacerlo. Habíamos hablado sobre la posibilidad de quedarnos hasta las tres y media, la siguiente hora de salida, si no podíamos a las seis. Ahora resulta que sí que saldremos a las seis y será en jeep. Esto va bien.

Un poco más tarde de las 5.45, casi a las seis aparece el coche, el 368. Van el conductor y el guía sentados delante. Detrás hay un par de filas corridas de asientos en dos alturas, como si de un anfiteatro se tratara los asientos de detrás están más altos. Ya están todos llenos menos los nuestros. Es una familia india, cuatro adultos y un niña pequeña de unos dos o tres años que está dormida.

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