AsiaUzbekistán

Camino de Samarcanda

  

Jueves, 03/03/2011 (1)

A las seis de la mañana nos despierta el móvil porque seguimos sin luz. No hay más que guardar a Sungin y su cargador y la camiseta con la que hemos dormido. Ponernos otro montón de capas, hoy también la camiseta térmica porque no sabemos cuánto tiempo tendremos que esperar al transporte. Cuando llegamos a la puerta del hotel nos encontramos con que está cerrada. Lo bueno es que el cierre no es más que el cerrojo que asegura la parte de abajo de la puerta para que no se abra. Lo abrimos y salimos. Lo malo es no podemos cerrarla desde fuera.

Fátima debería estar contenta de que no hayamos cogido el desayuno, porque si lo hubiéramos pagado hoy se habría tenido que levantar a las cinco para hacérnoslo. Así está ahora tan calentita en su cama con electricidad y todo en los enchufes.

Gracias a la luz de la linterna llegamos a la plaza de las marshrustkas. No hay mucha luz por la calle y todavía es pronto para la luz del Sol. En la plaza, a las 6:20, todavía no hay ni una. Lo que sí hay son taxis que tratan de llevarnos. Uno de ellos, en un inglés esforzado, nos dice que la 68 (la que nos interesa) no sale de aquí, sale de otra estación que está a un kilómetro. Nos ofrece llevarnos allí por 2.000. Pero ayer por la tarde vimos una 68 saliendo de aquí y la de la recepción no nos ha dicho nada. Es más, nos ha confirmado que salen de aquí. Esperaremos un rato.

A los diez minutos se vuelve a acercar para decirnos que va a llevar a un turista, si al final la ciudad va a estar llena de guiris, a la estación y que nos lleva a nosotros también por 6.000. Según el precio que nos han dicho es una muy buena oferta. Tratamos de bajar a 5.000, más por principios y por mantener la costumbre del regateo que por otra cosa, y nos dice que no. Al otro turista que es uno, y que viene por un amigo suyo, le cobra 5.000 y nosotros somos dos. De acuerdo, hemos hecho el paripé del regateo y ya nos vale. Mete a los Symbios en el maletero del Matiz, en el que casi no entran, y nosotros nos sentamos detrás. En diez minutos llega su amigo con el turista.

Para acelerar el proceso acerca el coche al hotel de este hombre. Es concienzudo, al principio dijo que en diez minutos, cuando paró el coche más cerca del hotel dijo que en cinco y después salió a ver si le veía llegar y dijo que en dos minutos. Se le ve preocupado y no hay necesidad, nuestro tren sale a las 8:05 y son las 6:45. Le mostramos el billete con la esperanza de que nos pueda decir cuál es el vagón y cuáles los asientos. Lo cierto es que los asientos los tenemos bastante claros, los dos billetes sólo se diferencian en que en uno pone en una línea 17 y en el otro 18, así que… Pero lo del vagón es más complicado. A pesar de que pone “Vagon” y se supone que justo debajo está el número, lo que está escrito es un 3, pero también un carácter en cirílico que no sabemos lo que quiere decir. El taxista nos dice que el vagón es el once. ¿Dónde ha leído once este hombre? Será que el carácter cirílico sí que significaba algo.

Pensábamos que el turista sería el que vimos sólo ayer, que luego iba con la pareja de franceses, pero no. Llega un japonés. Todavía nos queda el “consuelo” de que occidentales somos sólo cinco.

A las 7:05 ya estamos en la estación, ahora hay que enterarse de dónde sale el tren. Es más sencillo de lo que parece. Sara, como siempre, echa a andar sin mirar a ningún lado y se cuela por la cara hasta el andén. A mí, que voy detrás, sí que me piden el billete para llegar allí. Al mostrárselo nos señalan el tren que está ya parado en la segunda vía. Salimos y sí que es ése. En el lateral pone Sharq que es nombre del expreso. Pero para llegar a la segunda vía hay que cruzar la primera y justo en ese momento está llegando un tren enorme. Volvemos al interior de la estación a esperar que pase, pero resulta que se para aquí. Viene de Taskent y está lleno de gente.

Nuestro compañero de taxi japonés se ha quedado atrás porque tiene que comprar el billete. En su guía no debía poner lo de que había que reservarlo con un par de días de antelación o es más chulo que un ocho.

Para llegar al segundo andén también hay un puente en la parte trasera de la estación. Como no sabemos a qué hora va a quitarse este tren de delante vamos para allá. Antes de llegar al tren vemos que hay gente que está viniendo del segundo andén atravesando el tren que está parado y hacemos lo mismo en sentido contrario.

Aparecemos justo en el vagón once, pero, como suponíamos, el de la puerta (hay un empleado del tren con su uniforme en cada vagón mirando los billetes) nos dice que nuestro vagón es el tres. Nos toca pasear por ocho vagones. En la puerta del vagón tres nos indican que nuestros asientos son el 17 y el 18, al final no era tan difícil entender los billetes de tren como los rusos. En San Petersburgo, en el albergue, había carteles que explicaban los billetes de tren para que la gente supiera en qué vagón y asiento le tocaba sentarse.

El tren no es como los rusos. A pesar de que hay mucho espacio entre los asientos para estirar las piernas los asientos no son gran cosa. Por si fuera poco llevan unas fundas muy gastadas y todo el suelo está cubierto con alfombras. Con tanta tela y tanta alfombra la cantidad de polvo que hay en el ambiente es más que considerable.

Nos comemos las pastas que reservamos ayer y un poco de agua. Mientras esperamos que llegue la hora de salir me pongo con el diario.

Son puntualísimos y a las 8:05 se pone en marcha. Nada más arrancar nos ponen una película para que nos entretengamos, porque por la ventanilla todavía no hay nada más que desierto. La película parece demasiado nueva… es más, incluso parece que sea un screener pirata. El de Transporter, Donald Sutherland y alguno más. Vamos que es un screener pirata, es El Mecánico, la han estrenado en Estados Unidos hace un mes. A los cinco minutos deciden que no es apta para nosotros y la cambian por una serie rusa. Un grupo de spetsnaz (fuerzas especiales del ejército ruso) y sus misiones para restaurar la paz en Rusia y resto de ex-repúblicas soviéticas.

Antes de llegar a Samarcanda tendremos que decidir dónde vamos a intentar dormir y si compramos ya el billete para Taskent.

  

2 comentarios

  1. conxa
    8 abril, 2011 en 17:07 — Responder

    me encanta lo decidida que es Sara.

    O sea que no habiais desayunado nada hasta llegar al tren.

  2. JAAC
    11 abril, 2011 en 15:17 — Responder

    Más que decidida lo que es es despreocupada y tiene también un punto considerable de despiste 😉

    Echa a andar y tienen que correr tras ella para pararla, pero no es decisión es que no se ha enterado de que había que pagar, enseñar un papel, o lo que fuera :-O

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