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Mustang, de Marpha a Jomsom

Martes, 30/03/2010 (y 4)

Al salir del restaurante en Marpha Sara se mete en una de las tiendas de recuerdos. Ve un collar que le gusta y al preguntar el precio recibimos una respuesta que no esperamos. La de la tienda no le quiere decir cuánto cuesta y le pregunta un precio a Sara. Esto es un poco absurdo y Sara no quiere decir ninguno, nunca sabes si te pasarás por lo alto o si poco menos que le insultarás por decir algo demasiado bajo. Al final la de la tienda se anima a dar un precio al ver que va a perder la posible venta. Nos dice que 650 rupias. No es nada en euros, poco más de 7,50, pero sólo cambiamos 10 y todavía quedan aguas y sellos por comprar así que habrá que regatear, que aquí no se puede pagar con tarjeta. Sara le ofrece 500 y ella baja a 600. Sara se va, tampoco le va la vida en el collar y ella acepta. Nos había dicho que con sus 650 no hacía negocio, que había vendido otros como ese a más de mil a otros turistas… pues nada, así compensas.

Se supone que aquí también hay un sitio donde destilan un brandy de manzana. Sara se lo preguntó a Keisi. No sabía nada y dijo que se iba a informar antes de comer. Como está claro que le pasa algo tampoco nos lo dice a la salida y enfila hacia donde vimos un autobús parado cuando llegamos. Le seguimos.

Al llegar junto al autobús pregunta por la hora en la que sale y le dicen que hoy no presta servicio. Que podemos esperar a que llegue alguno desde el pueblo que venga de más lejos camino de Jomsom. El camino hasta aquí ha sido bastante fácil, casi sin cuestas abajo (que ahora habrá que subir) y el viento ahora debería soplar por la espalda empujándonos. Keisi le pregunta a Sara qué prefiere, andar o coger un autobús (aunque no sabemos si habrá uno). Decidimos andar, ya sabemos lo que nos espera.

Como preveíamos el viento nos va ayudando. Y como ya pasó antes Keisi coge velocidad y nunca está a menos de 300 metros de nosotros. Mejoramos nuestro registro anterior y en menos de una hora estamos en el Majesty en Jomsom.

Nepal-Mustang

Subimos a la habitación y cogemos las cartas para jugar un poco en recepción mientras llega la hora de cenar. Son poco más de las cuatro. Abajo está también Keisi. Ya de puestos también queremos recoger nuestros billetes de avión. No se los quedaron como garantía de la reserva de la habitación, sino para confirmar el vuelo. Nos dicen que está confirmado y que saldrá a las seis y veinte. No hay mucha diferencia entre la hora de embarque y la de salida, porque como el otro día según llega reposta y se va.

Keisi nos dice que nos tiene que hacer una pregunta. Comienza por decirnos que le hay llamado Prachanda. Nos explica que en Nepal hay dos clases de guías, los turísticos y los de montaña. Él es de estos últimos, incluso nos enseña su carné. Sabemos que esto es porque el otro día nos quejamos por su inglés y porque la visita turística que tenemos que hacer en Pokhara estaría bien hacerla con un guía que supiera. Nos sentíamos culpables ayer y ahora más todavía. Keisi nos dice que si queremos un guía turístico para mañana en Pokhara por él no hay problema, de hecho mejor. Así podrá ir a visitar a su familia (tiene dos hijos) y nos volveremos a encontrar en Nagarkot. Será también nuestro guía en esa parte de trek.

Ya sabemos qué es lo que le pasaba. Está claro que Prachanda le ha dicho algo por nuestra culpa. El mayor problema era que el conductor se estaba durmiendo y que ya veníamos calientes del rato que habíamos estado en su oficina. Esperamos que no la pague con él. Creo entenderle que hay un montón de agencias en Katmandú y que él, como guía de trek con trece años de experiencia, puede encontrar trabajo en cualquiera, aunque también dice que luego pueden estar meses sin que les llame nadie. No sé si esto es bueno o malo. Todo el rato estamos con la duda de si quiere que cojamos otro guía y se pueda ir a ver a su familia, o si le hacemos quedar mal frente a Prachanda y no volverá a llamarle. Nos está preocupando.

Le hemos explicado que estamos muy contentos con su trabajo (lo cierto es que se lo conoce perfectamente, aunque tampoco es que sea muy sociable o haya hablado nada con nosotros). Es más, le damos ya la propina de 20 euros (unas dos mil rupias) que le pensábamos dar mañana. Él nos dice que no, que gracias, que ya se la daremos en Nagarkot. Aceptamos, pero como nos ha dicho que va a ver a su familia le digo que la coja ahora y les compre algo. Acepta y se los queda.

Nos cuenta, ya más relajado, que le han dicho otros guías que esta mañana una pareja de turistas discutió (no sabe por qué) y uno de ellos acabó llamando a la policía nepalí. No puede evitar reírse pensando en el papelón del pobre policía al lado de los turistas sin saber qué hacer.

Le decimos que volveremos a hablar con Prachanda para decirle que estamos muy contentos con él. En ese momento llama a Prachanda, le hemos dicho que si a él le va bien poder visitar a su familia por nosotros que venga un guía turístico. Después de hablar un rato con él nos pasa el móvil. Sara le dice que Keisi ha hecho muy bien su trabajo y Prachanda le informa de que ha encontrado otro guía para la ciudad mañana. Se oye muy mal y Prachanda dice que volverá a llamar.

Keisi no tiene cara de estar muy contento. No sabemos qué es lo que prefiere en realidad. Se lo vuelvo a preguntar y nos dice que ver a su familia. Pues listo. Nos encontraremos otra vez en Katmandú para ir a Nagarkot, él vendrá con nosotros.

Llama Prachanda. No hay mucho más que decir. Volvemos a insistir en que el problema de antes de ayer fue más que nada que el conductor se iba durmiendo y que eso nos puso muy nerviosos, que Keisi ha hecho las cosas muy bien. Prachanda le explica que encontraremos al guía en el hotel, al que iremos con Keisi. El conductor que nos llevará de vuelta a Katmandú será el mismo… no nos gusta mucho, pero si ha dormido bien (lleva tres días esperándonos sin hacer otra cosa) no habrá problema.

Como pasado mañana lo único que hay que hacer es ir a Katmandú Sara le pregunta si podremos parar en algún sitio del camino. Bandipur está de camino y tiene muchas cosas que ver. Prachanda le dice que está lejos 20-30 kilómetros y que conllevaría un sobrecoste. Sara le dice que no le vamos a pagar más y que tenemos que hablar de la calidad de los hoteles. Ante esto Prachanda dice que son 10 kilómetros los que se tiene que desviar y que habría que pagarlos. Bandipur se está acercando a la carretera, me imagino a la ciudad remangando sus casas y corriendo por el país. Le decimos que no pagamos más. Sara le pregunta si podremos pedir que pare el conductor junto a un teleférico que lleva a un templo en la alto de la montaña y a esto no le pone pegas Se despide diciendo que mirará lo de Bandipur.

No sabemos si le hemos hecho un favor a Keisi para que vea a su familia, o le hemos fastidiado el trabajo con la agencia. Como la situación es incómoda decidimos subir a la habitación a jugar a las cartas en lugar de quedarnos allí sentados con él. Lo cierto es que a pesar de que le podamos haber estropeado su posición en la agencia la culpa es de Prachanda que nos envía con un guía de trek a hacer una visita turística a Pokhara.

Quedamos a las seis y media para cenar. Mientras llega la hora jugamos a las cartas y le damos al diario.

Salimos a cenar. Hay dos restaurantes en el hotel, el de la planta baja en el que desayunamos ayer y uno en la primera planta, al lado de nuestra habitación (la 105) en el que se sirve la cena para los huéspedes. Cuando llegamos sólo está la misma chica con las rastas que encontramos ayer cenando y hoy desayunando en el “hotel” de Muktinath. Debemos estar haciendo el mismo recorrido, aunque no sabemos si ella ha bajado en coche. Con ella cena su guía. Con nosotros no lo hace Keisi, pero es normal porque somos dos y vamos acompañados, cuando vaya sólo uno (el caso de la chica) o cenas con el guía o te conviertes en un monje.

La cena de hoy será sopa de crema de tomate y filete para Sara y sopa de patata y filete de pollo para mí. El segundo plato lo compartiremos como siempre. Todo está muy rico. Una vez más aquello de que en la montaña la comida era mala se demuestra que es mentira… eso sí, aquello de que los hoteles eran malos se quedó muy corto.

Parece que Keisi está más contento. Ha venido a tomarnos la nota como en los buenos tiempos (ayer) y cuando estamos con el segundo vuelve a aparecer. No viene ni a traer ni a llevarse nada, sólo para ver qué tal y decirnos que como mañana tenemos el primer avión que sale tenemos que tomar el desayuno puntuales a las seis de la mañana y salir directos al aeropuerto. Ha preguntado en el aeropuerto y le han dicho que no hay problema si llegamos cinco minutos tarde, que pararán el avión para esperarnos. ¡Eso sí que es tener nivel! Aunque hay que tener en cuenta que si en un avión de 19 plazas tres llegan tarde, es normal que esperen un poco.

Se confirma que está más contento porque luego se queda hablando con nosotros. Se sienta al lado y le preguntamos si ha comido ya. Nos dice que no, que están preparando la comida típica newari para los guías. Nos dice que siempre come lo mismo, comida y cena. Nos parece imposible hacer eso, y eso que lo hemos probado los primeros cuatro días en Bután. Eso sí, acabamos tan hartos que imaginábamos banquetes mientras esperábamos la comida. Es más, dice que en su casa también lo hace así.

Cuando acabamos vuelve a tomarnos nota del desayuno. Será el desayuno “light” de ayer. Estamos en el mismo sitio. Le preguntamos qué desayuna él, siempre lo mismo también (es un hombre de costumbres) té y pan. Sólo té y pan y luego se mete una panzada de kilómetros…

Se lleva los platos. Nos levantamos para coger de nuevo las cartas y a Sungin para acabar el diario en el restaurante, es más cómodo que el suelo de la habitación. Al abrir la puerta vuelve Keisi a preguntarnos si necesitamos mantas hoy también. Definitivamente está más contento. Hemos debido tomar la decisión correcta al decirle que se vaya a ver a su familia. No pienso que haya ido a cambiar los 20 euros y se haya alegrado por eso.

Con el diario acabado, sólo queda jugar un poco a las cartas, lavarse los dientes y a dormir. Por ahora son las ocho de la tarde.

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Comentarios

  • Anonymous
    6 agosto, 2010 a las 09:11

    Será porque siempre he viajado con mi marido..pero le veo mucho mérito viajar sola..Yo no sé si sería capaz. Tiene que ser muy aburrido no tener con quien compartir todo lo que estás viendo. Ahora, si eres una persona muy sociable y te gusta entablar conversaciones con cualquiera…(Fdo. Alicia32)

  • JAAC
    9 agosto, 2010 a las 08:52

    Conozco a más de uno que viaja solo, pero sólo del todo, porque esta chica iba con el guía y mal que bien ya puedes hablar con él… Yo digo gente que va por su cuenta y completamente sola… Cuestión de gustos.

    Lo practiqué en París (lo de ir solo del todo) y fue mucho más paliza que acompañado: andas sin parar sin la excusa de que el otro estará cansado :-p