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Namaste

  

Namaste es la palabra que más hemos oído durante este viaje. Ya desde mediados de enero empezamos con los preparativos para visitar Tíbet. Después de casi cinco años llegaba el momento de ir. Preguntamos en varias agencias si era una buena época para ir y todas nos dijeron que sí. En la embajada de Nepal sí que nos avisaron de que en marzo estaban cerradas las carreteras por la nieve y que lo normal era que las abrieran en abril. Las agencias ofrecían ir a Tíbet en avión y volver, ya en abril, por carretera así que no habría problema.

Con todo ya cerrado con la agencia de Katmandú (Nepal) y la señal pagada a finales de febrero, nos llegó la noticia el ocho de marzo de que se había cerrado la frontera de Nepal con Tíbet. En la agencia estuvieron tratando de conseguir el permiso de cualquier manera pero cuatro días antes de coger el avión nos confirmaron que no.

A partir de ahí tuvo lugar un intercambio de correos buscando un plan alternativo para los quince días. La diferencia horaria provocó que todavía el día de antes de salir no estuviéramos seguros de qué veríamos y menos aún cuándo.

El viaje que habíamos trabajado como organizado se convertía en el más desorganizado de todos y en el que nos podía deparar más aventuras.

Lo que vimos y lo que dejamos de ver en el diario, no quiero desvelar nada. Eso sí Nepal se ha visitado.

Nepal Katmandu Durbar Square Salto

 

  

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