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Toma de contacto con San Petersburgo

  

En el aeropuerto de Berlín-Schönefeld hay una terminal entera para Germanwings, salen vuelos a casi toda Europa… y Asia (digan lo que digan de Rusia). También allí estaba el típico oso berlinés.

La siguiente parada después de Berlín era San Petersburgo, la ciudad fue fundada por Pedro el Grande en 1703 (acababan de celebrar, como aquél que dice, su tercer centenario). Toda la ciudad está llena de palacios e iglesias de estilo europeo a diferencia del resto de Rusia. Ha cambiado de nombre muchas veces a lo largo de la historia: San Petersburgo, Petrogrado (1919 – 1924), Leningrado (1924 – 1991) y de nuevo San Petersburgo, por votación.

En junio, en el solsticio de verano del hemisferio norte, tiene lugar en San Petersburgo el fenómeno de las noches blancas. El sol no se pone completamente hasta las tres de la mañana y para poco después de las cuatro ya está saliendo de nuevo.

Llegamos a las 14:30 – un par de horas de vuelo, pero con el cambio horario quedan en cuatro -. Nada más llegar nos dimos cuenta de que Europa, lo que se dice Europa no era. Cogimos una especie de autobús local, quién quiere coger el shuttle para turistas pudiendo meterse a fondo en el país, en el aeropuerto que nos llevaba al centro. Todavía no sé cómo conseguimos montar porque allí nadie hablaba inglés, de hecho ni para cobrarnos casi nos entendíamos.

Poco antes del fin de trayecto pasamos frente a un enorme monumento circular en recuerdo del sitio alemán durante la segunda guerra mundial. Tomamos nota para volver otro día porque, cargados con las mochilas no era el momento. Después del autobús tuvimos nuestro primer contacto con el metro ruso. No hay varios tramos de escaleras mecánicas para bajar al andén, hay sólo uno todo lo largo que sea necesario y muy rápido.

El albergue era… bueno, había una cama y del baño mejor no hablar. Eso sí, hay que reconocer que estaba en pleno centro, a poco más de dos minutos andando del museo del Hermitage. En la plaza estaban montando un escenario para la fiesta de las noches blancas, había varios por toda la ciudad.

Nuestra primera tarde se fue en la estación de trenes tratando de conseguir el billete para Moscú, cosa que no conseguimos después de horas de cola porque no quedaban plazas. Después de la lucha con la gente del albergue – que nos habían dicho que no habría problema en comprar el billete cuando llegáramos – y de que nos buscaran otro tren, salimos a dar una vuelta.

San Petersburgo se asienta en la desembocadura del Neva y tiene gran cantidad de canales interiores casi todos navegables. Debido al gusto de Pedro I por el estilo europeo algunos recuerdan a Venecia.

La ciudad se fundó en época de guerras y las primeras edificaciones fueron fortalezas y castillos. La fortaleza de San Pedro y San Pablo, en su interior se encuentra la catedral con las tumbas de los Romanov.

San Salvador, la única iglesia de cúpulas típicas rusas. En San Petersburgo todo es muy europeo, Pedro I, su fundador, mandó llamar a arquitectos franceses e italianos para diseñar sus palacios.

Hay gran cantidad de puentes que unen las dos orillas del Neva. En esas fechas para permitir el paso de los barcos hacia el mar los puentes se abren a partir de las dos de la mañana con una gran fiesta. Uno de los puentes sobre el Neva, el Trojckij Most, que lleva a la Marsovo Pole.

El jardín Letnij Sad, el jardín de verano del zar. En su interior se encuentra el monumento a I. A. Krylov, fabulista ruso – el pedestal en que se asienta está lleno de figuras de animales que eran los protagonistas de sus cuentos – y el palacio de verano de Pedro el grande. Las rejas son dignas de verse.

Otra vista del puente Trojckij Most, con la fortaleza de San Pedro y San Pablo al fondo.

Varios palacios de estilo europeo.

La plaza de las artes con el museo ruso y la estatua de Pushkin.

La Iglesia de nuestra señora de Kazan (muy similar, en cuanto al diseño, a San Pedro en el Vaticano). Estas fotos están hechas a las once de la noche.

Nuestro primer día no dio más de sí. A pesar de que el sol todavía estaba alto decidimos irnos a descansar para aprovechar la mañana del día siguiente. Sol hay hasta las tantas, pero los palacios y museos siguen cerrando a la misma hora.

El diario completo aquí.

  

4 comentarios

  1. 5 agosto, 2008 en 13:57 — Responder

    Que preciosida de ciudad! Pero de pensar en todas las peripecias que hay que pasar allí, ufff! se me quitan las ganas de ir.

  2. 6 agosto, 2008 en 11:09 — Responder

    Sí que es bonito, sí. La verdad es que aunque tuvimos nuestros momentos de tensión (sobre todo con el tema tren a Moscú) la ciudad bien merece una visita, sobre todo por el Ermitage que es una pasada de museo.

    Eso sí, el que espere encontrar una ciudad rusa se equivoca. Como se ve en las fotos todos los edificios son europeos. Para ciudad rusa hay que ir a Moscú.

  3. 3 septiembre, 2008 en 15:34 — Responder

    Un lugar fantástico… a pesar de estar lleno de rusos, jaja.

    Lo de las noches blancas tiene que ser una pasada vivirlo, aunque no sé yo si sería capaz de aguantar durante mucho tiempo.

  4. 4 septiembre, 2008 en 10:20 — Responder

    Bira de viaje se trasnocha lo que haga falta, y si hay que esperar a las dos de la mañana para que abran un puente pues se espera allí como un clavo, el primero. Por lo menos en esa época del año frío no hace.

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