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Las havelis de Jaisalmer (I)

Viernes, 17/06/2011 (3)

Rahul nos va contando cosas de la India. Está encantado de vivir aquí, nos dice que a él no le gusta la India, que él la ama. La ama porque es de los que vive bien en el país. Está claro que no es pobre y que su contacto con los turistas le proporciona la diversión y el dinero que necesita. Le preguntamos, ya con cierta confianza, a qué casta pertenece.

El sistema de castas sigue vigente en el país, Gandhi no consiguió su objetivo de acabar con él. Existen cuatro castas principales, varnas:

  • Los brāhmanes, sacerdotes, maestros y académicos. Se trata de la casta más elevada y según ellos salieron de la boca de Brahmā.
  • Los chatría, clase política y militar, que salieron de los hombros de Brahmā. El estandarte de la ciudad es un chatría sobre un trasfondo rojo y amarillo.
  • Los vaishias, comerciantes, artesanos, agricultores y ganaderos, que salieron de las caderas de Brahmā.
  • Los shudrás, siervos y obreros, que provienen de los pies de Brahmā.

Y dentro de cada una de ellas múltiples subdivisiones, que varían incluso a nivel regional. Estas divisiones se denominan familias, jāti. Rahul nos comentó que llega a haber doscientas de estas familias por casta. Los matrimonios entre miembros de distintas familias están permitidos mientras las familias sean de la misma casta, pero están terminantemente prohibidos los matrimonios entre distintas castas.

Él es guerrero, un chatría, y está muy orgulloso de su origen, aunque ahora se dedica más al comercio. Algunos chatría demuestran su estatus social con pendientes en forma de flor y poblados bigotes. Rahul nos dice que todavía es joven para eso. Es joven, pero no para su familia.

El 99% de los matrimonios del país, siempre según él, son concertados por las familias de los novios. Los padres de él y de ella se ponen de acuerdo y es llegados a este punto cuando los novios se conocen. Si los chicos se gustan el matrimonio sigue adelante… nosotros pensamos que si no se gustan también seguirá adelante, no creemos que se tengan muy en cuenta los gustos y sentimientos de la pareja una vez que los padres han llegado a un acuerdo. Las posibilidades de matrimonios felices siguiendo este esquema no parecen muy elevadas, pero con la cantidad de divorcios y rupturas que hay en los países en los que cada uno es dueño de su destino tampoco sabemos qué tienen más éxito a largo plazo.

Hemos visto un pozo que está cegado. Rahul nos dice que todos los pozos de la ciudad fueron cegados de la misma manera para evitar los suicidios. Los que no estaban muy contentos con la mujer o el marido que les había tocado se suicidaban lanzándose al interior. Debido a la profundidad y la estrechez luego resultaba muy complicado sacar los cuerpos, además de que contaminaban todo el agua.

Los matrimonios se conciertan antes de llegar a los 21 años. A él sus padres ya le han buscado novia, pero él se ha negado. Les ha pedido cuatro años más de diversión, a los 24 le volverán a buscar novia y a los 25 se casará. Es muy feliz con su libertad actual y con sus escarceos con las turistas. No es feo y tiene mucha labia, así que más de una caerá, a pesar de que es bastante bajo. Nos lo deja claro presumiendo de una salida al desierto con unas japonesas hace unas semanas.

En muchas casas hemos visto pintadas imágenes de Ganesh, el dios de cabeza de elefante, letras en sánscrito y una fecha. Rahul nos explica que cuando una pareja se casa se pinta al dios en la fachada, con los nombres de los novios y la fecha de la boda. No hay problema con las bodas en esta ciudad, hay muchos Ganesh y las fechas son bastante cercanas. Las imágenes se van manteniendo y repintando, vemos como nuevas algunas de hace dos y tres años. Junto al dios siempre pintan un ratón a sus pies. En el mundo occidental siempre se pinta a los elefantes asustados de los ratones y aquí, el dios elefante tiene por amigo a uno. La leyenda que explica el motivo por el que el dios tiene cabeza de elefante es cuanto menos curiosa. Shiva, el destructor, abandonó la casa cuando Parvati, su mujer, estaba embarazada. Cuando volvió tuvo una disputa con su hijo y acabó matándolo. En Bután nos dijeron que Shiva pensaba que el hijo no era suyo y que por eso lo había matado, o que Shiva sentía celos del niño porque Parvati le hacía más caso al niño que a él. Shiva, viendo que Parvati estaba muy triste, prometió sustituir la cabeza del recién nacido con la del primer bebe que no estuviera pegado a su madre. El único ser vivo que cumplía los requisitos fue el elefante, ya que éste deja a sus crías solas. Otra versión dice que fue el primer animal que pasó por delante de la casa.

Entre una cosas y otras hemos visitado las tres esquinas del fuerte hasta asomarnos a sus murallas. Por el camino hemos visto correr el agua por los laterales de muchas calles y, el propio Rahul, nos ha comentado que el agua está acabando con él.

El fuerte se encuentra a una distancia de entre 150 y 100 kilómetros de Pakistán. No es la zona de mayor conflicto, que está al norte de la India, Cachemira. Rahul bromea diciendo que Pakistán está en guerra, pero que India no. Si todos los indios fueran a Pakistán a orinar formarían un gran lago. Eso sí, cuando dice que Rajastán es más grande que todo Pakistán se columpia bastante porque no es ni la mitad de grande. Es evidente que no les tiene mucho aprecio en cualquier caso, y eso no es nada comparado con la pregunta para obtener el visado…

Mientras estamos en lo alto de la muralla, junto a los cañones, llegan un montón de niños pidiendo bolígrafos o dulces. Le preguntamos si no deberían estar en la escuela y nos dice que ahora están de vacaciones. En la época de más calor los colegios también cierran.

Desde la muralla nos ha señalado donde se encuentran las tres havelis principales de la ciudad y ahora se ofrece a llevarnos a visitarlas: Patwon Ki Haveli, Salim Singh Ki Haveli y Nathmal-Ki Haveli, aunque hay muchas otras casas.

Vemos alguna de esas fabulosas construcciones camino de Patwon Ki Haveli. Como comienzo es bueno: los balcones y las celosías demuestran un trabajo digno de elogio.

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