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Berlín (y IV), el zoo

Nuestro último día en Berlín lo dedicamos al zoo. El símbolo de la ciudad de Berlín es el oso y la ciudad se había volcado con Knut, una cría de oso polar nacido en el zoo. Cuando nosotros llegamos ya estaba más crecidito pero seguía siendo la estrella indiscutible. De hecho, tiene una aparición de una hora por la mañana y otra por la tarde (no sé si esto habrá cambiado, ya ha pasado un año).

De todas formas, como en todo zoo que se precie, hay muchos más animales:

Nos acercamos a la zona de los felinos a la hora de comer. También vimos comer al oso panda.

La verdad es que vistas las fotos después de Tanzania está claro que no es lo mismo, en absoluto. Que ese brillo en los ojos de los animales cuando están libres no se ve en los zoológicos.

A la salida nos acercamos a la zona contra-cultural de Berlín, las casas okupadas.

Y por supuesto a la tienda Ampelmann. Allí compramos la alfombrilla del ratón y una camiseta para mi sobrino. Se encuentra en un patio dentro de una especie de urbanización con patios conectados llenos de tiendas de nuevas tendencias, restaurantes, etc.

Vista desde fuera de una de las sinagogas de Berlín, estaba cerrada.

El último día nos dimos un homenaje cenando en un restaurante alsaciano estupendo del que salimos rodando por no demasiado dinero. Los días anteriores habíamos comido en casa, nuestra estancia en Berlín fue en un apartamento alquilado – gracias a Masmi por orientarnos – en el que estábamos como en casa, de hecho era más grande que nuestra casa.

Como siempre, para los despistados que no hayan visto las entradas anteriores, el diario completo aquí.

Y seguimos en nuestra siguiente parada: San Petersburgo.

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Comentarios

  • Masmi
    31 julio, 2008 a las 09:19

    Un placer 😉
    Te puedes creer que no he ido al Zoo en todas las veces que he estado allí. Bueno al de Madrid tampoco he ido, y ya llevo unos cuantos años viviendo aqui.
    En casas okupadas estuve en unas cuantas 😉
    Que bonito es el Ampelmann, esta última vez traje unos cuantos muñequitos de regalo.

  • Estatekietecita
    31 julio, 2008 a las 18:22

    Con ese panorama que pintas, y esas fotos tan chulas, hay que dejarse caer por Berlin. Sin duda, lo apunto para hacerlo en cuanto pueda. ¿Alguien me presta días de sus vacaciones a cuenta, jeje?

  • JAAC
    1 agosto, 2008 a las 08:40

    Tranquilo Masmi, el zoo de Berlín es muy grande y está muy bien, pero ver los animales en las jaulas… Sobre todo los primates, tienen una mirada triste que te llega a emocionar. Pero también es una buena manera de conocerlos.

    Lo de las casas okupadas era un poco asquerosillo sucias no es que estuvieran, pero paredes, suelos y techos estaban llenos de pintadas y carteles pegados.

    Sí que es chulo es muñeco, sí. Suerte que lo hayan protegido en la unificación de las dos partes de Berlín.

  • JAAC
    1 agosto, 2008 a las 08:41

    Estatekietecita, yo te puedo vender unos días de vacaciones… pero claro, sería para tener más dinero para irme yo de viaje, de manera que necesitaría los días… complicado, ¿eh? 😉

  • BIRA
    3 septiembre, 2008 a las 14:33

    Holas, Jaac! He leído el diario de viaje y los post que has escrito sobre Berlín y, a pesar de que hablas de edificios sosos y funcionales, lo cierto es que me apetece un montón dejarme caer por allí.

    Me han gustado el viaje, las fotos y el pedazo trabajo que te pegas contándonos vuestras aventuras, pero de estos post lo que más me ha llegado al alma ha sido lo que has dicho de la mirada de los animales (la diferencia de los que visteis en Tanzania, en libertad, y los que visteis en Berlín, en el zoo). Aunque vayas de duro, eres más tierno que el pan de molde! me encanta!

    Besotes!!

  • JAAC
    3 septiembre, 2008 a las 14:40

    Me alegro de que te haya gustado y de haber hecho que tengas ganas de visitarlo (merece la pena de todas formas, eh?). Aunque eso sí ¿voy de duro? jajajaja

    Ya sabes que me gusta mucho la fotografía y un destino muy bueno es el zoo para hacer fotos. Pero la cara de los grandes primates en las jaulas… te quita las ganas de ir, la verdad.