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Ya estamos de vuelta

En esta ocasión el destino del viaje no lo decidimos nosotros.

Hasta ahora, lo normal era encontrar un sitio que nos llamara la atención en una revista, en la tele o ya conocido y, a partir de ahí, ponerse a buscar un buen vuelo. Esta vez fue el vuelo lo que nos llevó al destino. Uno de esos correos de grandes ofertas de las líneas aéreas que no pudimos dejar escapar.

El destino nos llamaba la atención, pero no estaba entre los que habíamos pensado. Es más, lo habíamos descartado hace tiempo porque pensamos que sería «demasiado» para nosotros… que no es decir poco.

La oferta no llegaba para ir en el mejor momento. Una temperatura media de 45 grados y una humedad que rondaba el 85% todo el tiempo. Han hecho falta unas 10 ó 12 botellas de agua mineral de litro cada día que se perdían por la piel. Incluso las manos sudaban y quedaban pegajosas. Lo que sea por compensar los 20 bajo cero de Uzbekistán.

Gracias a Lufthansa hemos conocido alguna de las cosas más bonitas que hemos visto nunca, sitios impresionantes y monumentos que te dejan sin palabras. Más que los típicos los desconocidos, los que no sabíamos ni que existían.

A pesar de las advertencias de todo el mundo, sí, es un destino bastante habitual (por eso lo habíamos descartado), no hemos tenido ningún problema estomacal.

Nos hemos vuelto a encontrar con nuestros amigos mogoles, con la familia de nuestro descubrimiento uzbeco Tamerlan, con algunos coletazos de la Ruta de la Seda (rutas alternativas) y con un alfabeto, de nuevo, indescifrable. Por primera vez en un viaje hemos ido a un cine a ver una película, pero más por el público, porque no nos enteramos de nada de lo que decían. Hemos dormido en el tren en coche cama, en autobús a 50 grados y, yo incluso, en tuctuc. Hemos vuelto a «disfrutar» de la comida «poco picante». Hemos descubierto una religión con unos templos que son una maravilla y hemos visto una de las maravillas del mundo. Incluso hemos hecho un safari.

A cambio, hemos visto la pobreza más absoluta, la miseria, la suciedad… y el mayor de los lujos: los palacios de los marajás, sus fuertes y los hoteles de cinco estrellas en los que se han convertido, entre los más lujosos de Asia.

Un país lleno de contrastes.

Nos hemos ido a

INDIA

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