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La vuelta a casa, Nueva York (XXVI)

Lunes 05/01/2009 (y 3)

A las 16:15 salimos a buscar a nuestro taxi-bus y está ya en la puerta. Somos los primeros en montar. El conductor es hispano y nos habla en español. Si el vuelo es de la Continental la terminal será la C. En la radio lleva una emisora en español. A las 16:30 recoge a otras dos pasajeras, éstas angloparlantes, y cambia la emisora a una en inglés. Dos paradas más y estamos completos: ocho pasajeros. Todos vamos con Continental y todos con vuelos internacionales, lo que hará más fácil la llega a Newark, todos bajaremos en el mismo sitio.

Llegamos al aeropuerto con casi cinco horas de antelación. La cola para facturar los equipajes parece algo caótica y después de la experiencia de Barajas y las que hemos tenido en el Empire, la estatua de la Libertad, etc. pensamos que lo mejor será entrar cuanto antes que nunca se sabe lo que se puede tardar.

Cuando nos toca, el que nos atiende nos ofrece sin coste adicional cambiarnos al vuelo anterior que sale para Madrid. A las 20:20. Perfecto, nos quitamos dos horas de espera en el aeropuerto y además llegamos a Madrid un par de horas antes. Sólo hay sitios juntos en la parte de atrás del avión. Da igual, si está de que nos durmamos caeremos aunque sea encima de un terremoto, y si no, da igual lo plácido que sea el sitio.

El control de equipaje de mano es mucho más riguroso que todos los que había hecho hasta ahora. Como siempre, hay que quitarse cinturón, reloj y sacar todo de los bolsillos, pero también hay que quitarse las botas y hasta la faja del dinero y del pasaporte tiene que pasar por los rayos X. Por supuesto, como en todos los controles, Sungin tiene que estar en su propia bandeja fuera de Okihita.

Y ya estamos esperando a que nos llamen delante de nuestra puerta de embarque, la 98. El pasaporte no nos lo han sellado, lo que nos mosquea un poco. Sara pregunta y le dicen que en la misma puerta, como una hora antes de la entrada se colocará uno controlando los pasaportes. Sobre las siete llega el susodicho y lo único que hace es quedarse con la tarjeta verde que tuvimos que rellenar a la entrada y sellar el billete, pero no pone sello de salida en el pasaporte.

Ya estamos en el avión. Ha salido con más de media hora de retraso al final, a eso de las nueve. En esta ocasión es un 777, para venir fue un 757 que es bastante más pequeño. En el despegue vemos Manhattan iluminado por la ventanilla. Nos despedimos de la ciudad.

En la terminal Sara vio que Continental era la mejor línea aérea según Zagat. Zagat hace críticas gastronómicas, todos los restaurantes de Nueva York que aparecen en su lista tienen una pegatina suya. Confiamos en que la comida será “buena” o, al menos, mejor que en el vuelo de ida. Cuando llega descubrimos, lamentablemente que no sólo no ha mejorado, sino que es casi peor, con unos tallarines pasadísimos y una especie de brownie que parece un chicle de chocolate. Lo mismo en otro viaje no nos habría parecido tan mal, a buen hambre no hay pan duro, pero en este nos hemos cuidado y esta comida es pésima. Además el sistema de entretenimiento que ya nos pareció malo la otra vez no ha mejorado en nada. Cambia la pantalla que no es táctil, tiene mando en el brazo del asiento, pero sólo hay seis películas y un episodio de CSI. Las películas son a cual peor… habrá que dormir.

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Comentarios

  • Masmi
    5 marzo, 2009 a las 15:39

    Que sonaba en la emisora? Música latina? Yo ya habría tenido tema de conversación con el taxista, jajajaCinco horas de antelación!! wowQue suerte con lo del cambio de vuelo pero que mal con la comida!

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  • 9 marzo, 2009 a las 10:42

    Era música latina Masmi, pero casi más próxima al reggeton que a la salsa. No sé si habrías tenido conversación ahí… también recuerdo que hablaban de una polémica en myspace, que habían borrado la imagen de una que había puesto como avatar una imagen suya dando el pecho a su bebe y decían que era poco menos que insultante. Abrieron el teléfono y la gente despotricaba a conciencia… la apertura de miras norteamericana :-OTal vez demasiado tiempo, pero sin saber cómo iba a ser la cola… y tal. Además de que compramos los «billetes» del taxi-bus antes de ir y ya recomendaban llegar con más de tres horas. Más vale prevenir, en esa hora tampoco nos iba a dar tiempo a hacer mucho más.Fue una gran noticia. Sobre todo que el tipo de la compañía lo ofreciera sin preguntar siquiera, sin tener que decir: «es triste de pedir, pero es más triste de robar» 😉

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