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Miss Liberty, Nueva York (IV)

Lunes 29/12/2008 (1)

Las seis de la mañana son las doce del medio día de España y eso se nota. Eso y la cantidad de “despertadores” con ruedas que hay por la ciudad. Cada vez que un camión o camioneta da marcha atrás suenan los pitidos típicos de un despertador y empiezan a moverse a eso de las seis de la mañana. Vamos que llevamos un rato oyendo despertadores sin poder pararlos.

Ayer vimos que hay un bono de metro que dura un día, siete, catorce o treinta, con número ilimitado de trayectos. No estamos muy seguros de si es también válido para los autobuses, pero según pone en la guía montar en autobús en Manhattan está restringido sólo a los que no tengan prisa por llegar a donde quiera que vayan. Lo vamos a comprar para siete días. Cada viaje son 2 $ y el billete de siete días cuesta 25 $. Además el euro ha vuelto a subir, google nos dice que hoy está a 1,42, seguimos teniendo donantes de wifi.

Nuestro albergue está al lado de una comisaría. Esto es como cuando estuvimos en Japón y vimos que las cosas eran de verdad como en las películas, los coches, la entrada de la comisaría, las escaleras de emergencia en los edificios, incluso los «dispensadores» de periódicos. Están ahí de verdad, aunque son todos de prensa gratuita.


Con el billete empezaremos a visitar la isla de sur a norte empezando por la Estatua de la Libertad y Ellis Island (con el museo de la inmigración). Tenemos varias paradas de metro cerca del hostal, pero la más cercana es la línea que tiene que ser. Ni transbordo habrá que hacer para llegar a South Ferry, que es de donde salen los ferrys para las dos islas. Según la guía el primero sale a las 9:30. Poco antes de las nueve salimos del albergue.

El metro es tal y como aparece en las películas: viejo y ruidoso. Pero está muy limpio, mucho más de lo que me esperaba. La línea 1 que es la que tenemos que coger se separa hacía el final y para ir a la parada de los ferrys hay que estar en los primeros cinco vagones, así que nos vamos moviendo estación a estación para estar seguros de llegar. Otra cosa interesante es que hay que entrar desde la calle a la estación por la entrada que te deje en el andén que va en el sentido que a ti te interesa. Parece que no hay manera de cambiar de andén cuando estas dentro. Aunque suponemos que es que no nos hemos dado cuenta de donde se cambiaba. Nuestra boca de metro tiene cuatro salidas, una en cada esquina de las calles, 7th Avenue con West 18th st. Las líneas de metro suelen recorrer las avenidas y el nombre de las estaciones es el de la calle en la que paran. Tienen la salida NE, NW, SE y SW de la esquina avenue-street.

Antes de la salida del primer ferry ya estamos aquí. Cuando llegamos al muelle, muy cerca de la parada del metro, vemos el barco medio vacío y parece que no hay gente entrando. Preguntamos y nos dicen que tenemos que sacar los billetes. En teoría es gratis, pero suponemos que querrán llevar algún tipo de control. Detrás de lo que han montado como control de seguridad (estilo aeropuerto) nos encontramos con otra cola de las grandes. Nueva York debería llamarse Cola York. Como ayer compramos el City Pass no hace falta que compremos billete, ya lo tenemos. Eso nos evita la cola de comprar, pero no la de los que ya tienen billete. Ésa es la corta, pero la corta son tres cuartos de hora al lado del muelle con un viento frío que tela. Lo de que no hacía frío nos ha durado poco, que ayer en lo alto del Empire ya pegaba duro.

En el control de seguridad Sungin sufre su primer control completo: me hacen sacarlo y le pasan un papel por arriba y abajo para comprobar que no lleve nada explosivo dentro. La guardia de seguridad, una tía negra enorme, dice que lo hacen con todos los portátiles que pasan por allí. Tampoco me lo habría tomado a mal aunque sólo lo hicieran a unos pocos y me hubiera tocado a mí. Más que nada porque dentro de la carpa de control hay calefacción y pasar un par de minutos más aquí dentro se agradece.

Y ya estamos en el barco. Montados y esperando que salga. Al final hemos cogido el tercero del día, el de las 10:30. Con el frío que hace la idea inicial es quedarse dentro y ver cómo nos acercamos por las ventanas, pero sólo se acerca uno a la estatua de la libertad por primera vez una vez en la vida, así que salimos para verlo sin estorbos.

No tarda más de 10 minutos en llegar a miss Liberty. Va apareciendo detrás de la chimenea del barco, con su color verde característico debido a la oxidación del cobre con el que está hecha. Leímos en uno de los paneles informativos que el periodo de oxidación duró aproximadamente 30 años. La estatua fue diseñada por Frederic Auguste Bartholi 10 años antes. Se financió con sorteos, tómbolas, obras teatrales, etc. tuvieron que conseguir fondos de donde no había. Está compuesta de unas 300 piezas de cobre que se trasladaron en barco desde Francia en 1.886 para ensamblarse directamente aquí, sobre una estructura diseñado por Eiffel.

Al bajar del barco vemos que no es posible subir hasta la corona. De hecho no se puede entrar en la estatua. Lo más arriba que se puede llegar es a lo alto de la peana. El ticket del City Pass valía para entrar o para coger el ferry (sería para cogerlo sin cola, porque en todas partes pone que es gratis). Nosotros lo hemos gastado en quitarnos gran parte de la cola. Hay otra cola para entrar en la peana, así que esta vez ni nos planteamos acercarnos. La veremos desde fuera. No parece que, en esta ocasión, el cierre de la estatua sea causa directa de los ataques terroristas, Sara tampoco pudo subir en su primera visita hace 10 años.

Antes de acercarnos siquiera a la estatua nos concentramos en las vistas de Manhattan desde aquí. Los rascacielos son espectaculares. En el mirador hay una foto con sus nombres en la que todavía aparecen las torres gemelas. La forma en que dejaban pequeños a todos los demás edificios es impresionante. Como todo el mundo sabe el segundo de los atentados, el primero fue una bomba en el parking en 1.993, que sufrieron provocó su colapso y la muerte de miles de personas.



Después de disfrutar con la vista de los rascacielos nos dedicamos a disfrutar de la estatua. Está cuidada en todos sus detalles, todos ensalzando los valores de la libertad, la justicia, …. Entre ellos están unos cadenas rotas a sus pies que representan la tiranía derrotada, la corona con siete rayos que representan los siete mares y los “siete continentes” (eso ponía en uno de los carteles que hay allí), el libro de leyes que tiene escrita la fecha de la independencia de los Estados Unidos en números romanos, y, por supuesto, la antorcha que ilumina y guía al mundo. Todo muy poético, digno de un escultor francés y de la épica estadounidense.

El puente de Verrazano.

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Comentarios

  • Masmi
    30 enero, 2009 a las 13:31

    Todos los coches llevan el avisador de marcha atrás? Que coñazo.Eso es lo que pasa a USA, te sorprendes de ver que todo es como lo has visto tantos años en las pelis.Que chula es la estatua de la libertad!

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  • 30 enero, 2009 a las 14:09

    Los coches no, sólo las furgonetas y los camiones. En Amán lo que sonaba cuando las furgonetas daban marcha atrás era la LAMBADA en formato midi, como en los móviles antiguos. No sé qué es peor 🙂Cierto, es lo que pasa con todo lo que has visto mucho por la tele, cuando llegas ves que no se lo inventaban, que era así!La estatua es una pasada.

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  • 30 enero, 2009 a las 17:52

    que paseo me acabo de dar, y sin frio y sin colas jejejejeVoy a recrearme un poquito más en las fotos.Mucho peor lo de la Lambada !!!!

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  • 2 febrero, 2009 a las 09:08

    Eso está bien Conxa, porque nosotros sí que sufrimos el frío y las colas. Estos neoyorkinos disfrutan colocando a la gente en filas y haciéndoles esperar horas!

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