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Así es nuestro hotel ideal en 14 puntos

  

¿Cómo sería tu hotel ideal? Después de haber dormido en unos cuantos –casi mejor no nos paramos a echar la cuenta, por salud mental– nosotros tenemos claras algunas características básicas para que un hotel sea perfecto o, al menos, se acerque.

Pretendíamos hacer un listado de características del hotel ideal, pero nos hemos dado cuenta de que también teníamos que incluir las más básicas porque, lamentablemente, cada día es más habitual encontrarse con algunas cosas que convertirían al motel Bates en un hotel de lujo.

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Limpiar no es una opción

No habría ni que decirlo, pero hay que hacerlo. La limpieza de la habitación y del baño son prioridades básicas, esas cosas que no se pueden excusar. Por muy económico que sea el lugar, nada le impide estar limpio: lo que uno paga son las comodidades, los servicios, la atención incluso… pero la limpieza tiene que venir de serie en cualquier alojamiento. Tampoco vayas a creer que por ser un sitio elegante todo va a ser perfecto. Hace bien poco estuvimos en una habitación de hotel de las que tienen albornoz y zapatillas para bajar al spa, que tenía el albornoz lleno de pelos que estaban allí antes de que nosotros abriéramos la puerta o en un hotel cinco estrellas con una colilla escondida en el baño.

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No tienes que tener una sonrisa perenne en la boca, pero sí educación

Cada vez hay más hoteles que ofrecen hacer todo el proceso de check-in de forma autónoma a través de un terminal o con un robot –esto sólo en Japón– y lo entiendo. Muchas veces la cara de la persona que está en recepción al llegar, la “alegría” con la que te lanza la llave, te dice el horario del desayuno o te indica dónde está el ascensor te deja con ganas de devolverle la llave como si fuera una estrella ninja y salir por la puerta sin dar un paso más en un lugar en el que, evidentemente, no quiere que estés.

De vez en cuando hay que renovar el hotel ideal

Rasgar una toalla al secarse después de la ducha podría ser signo inequívoco de que eres el Increíble Hulk o de que la toalla tenía más años que tú. En mi caso fue lo segundo lo que provocó que me quedara con media toalla en cada mano en un hotel de Buenos Aires. ¿Cuántos lavados aguantan las toallas de tu casa? Pues las de algunos hoteles llevan ultra-maratones en lavanderías industriales: están tan hechas polvo que no pueden ni tirarse a sí mismas para retirarse –tirar la toalla, por si alguno no lo había pillado–.

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Por cierto, la ropa de cama también se estropea con los lavados –y que se estropee, porque eso significará que se lava– y las bolas en las sábanas bajeras son del siglo pasado.

La temperatura del hotel perfecto

Imagina que llegas a tu hotel de lujo en pleno verano pero que, cosas del cambio climático, hay una ola de frío extraña en la ciudad. Te acercas a tu control de calefacción, lo giras y ves que allí no se calienta ni el cargador del móvil que lleva una hora enchufado. ¿Extraño? Pues no tanto, más de una vez nos hemos encontrado con hoteles en los que la temperatura la marca el calendario y no la meteorología: llega junio y se acabó la calefacción, ya puede haber renos tirando de trineos en la calle que tú, como mucho, podrás poner el aire acondicionado; o llega octubre y, aunque el asfalto se derrita bajo las ruedas de los coches, tu habitación sólo puede estar más caliente porque es la calefacción lo único que funciona.

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Nunca hay demasiados enchufes en un hotel ideal

¿Cuántas veces no has podido enchufar todos los gadgets que llevabas? Los móviles, la cámara, el portátil, la tablet… y eso si no llevas un humidificador, un cepillo de dientes eléctrico o cualquier otra cosa que necesite corriente en tu equipaje.

Por no hablar de los distintos tipos de clavijas. Todos deberíamos tener un adaptador de enchufes… pero ¿cómo vamos a comprar uno para cada cosa que tengamos que conectar a la corriente? ¿Y la potencia? Meses estuvimos viajando por Sudamérica sin poder usar la máquina de afeitar porque no había suficiente voltaje en la red eléctrica de algunos países. El hotel ideal tiene dos redes distintas, una de 110V y una de 220V.

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¿Todavía no te funciona internet en la habitación?

A estas alturas de la vida los hoteles que “anuncian” una Wifi Zone son reliquias del siglo pasado. ¿Por qué voy a tener que ir a la recepción con mi portátil para conectar? Me recuerdan a las salas de fumadores de los aeropuertos: son las recepciones para adictos a internet de los hoteles.

Luego están los que cobran por una hora –o por un día– de conexión. ¿De verdad? ¿No cobras suficiente por la habitación que necesitas que te pague el ADSL de un mes para conectar durante unas horas? ¿Es el futuro de tu hotel: vender acceso a internet y regalar las camas?

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La última categoría son los que, teniendo internet incluso en la habitación e incluida en el precio, parece que tienen un modem escondido en el sótano. Una reliquia del pasado que acaba con tus nervios por la lentitud y los cortes. Hablamos de internet, no de sangre de unicornio o de tinta de impresora, ¿tan caro le resultaría al hotel contratar una buena conexión?

Cuando la habitación es la nave Enterprise

Cincuenta luces colocadas en los lugares más extraños de la habitación con sus cincuenta interruptores, que se encienden en cuanto colocas la tarjeta en la ranura y que te hacen perder media hora hasta que consigues apagarlas todas. Eres feliz en tu oscuridad pero, en cuanto salgas y vuelvas a la habitación, se encenderán de nuevo. ¿Por qué no un botón: “Apagar todas las luces de la habitación” al lado de la cama? Hemos visto algunos, uno hace unos días en Bolzano, pero no los suficientes. Siempre queda una luz encendida que te obliga a levantarte descalzo hasta encontrar el maldito interruptor.

En Amsterdam estuvimos en un hotel que permitía cambiar el tono de la luz, subir y bajar la persiana, encender y apagar la televisión y varias cosas más que nunca llegamos a descubrir con un mando parecido a una tablet –cuando las tablets todavía no eran populares–. Los primeros minutos fueron divertidos probando todas las combinaciones… los últimos, antes de dormir, un infierno hasta conseguir oscurecer y silenciar todo.

El invento de la persiana y la luz del día en el hotel ideal

Te habrás dado cuenta de que, una vez que sales de España –o de Italia– el Sol se deja entrar en todas partes. Olvídate de las persianas de toda la vida que dejan la habitación completamente a oscuras, con suerte encontrarás unas cortinas gruesas preparadas para que la luz se quede fuera, pero lo habitual es que, en cuanto salga el sol, se ilumine la habitación y acabes por despertar.

Como “broma” no es mala. Estás de vacaciones, la luz entra por las ventanas y despiertas sin que el móvil empiece a pitar… Pero si te pasa en San Petersburgo en plenas noches blancas la cosa pierde toda la gracia: con poco más de media hora de oscuridad puedes pasarte la noche con los ojos como un búho si no llevas un antifaz en el equipaje.

El tamaño de la cama en el hotel perfecto

La media de estatura ha ido aumentando conforme han ido pasando los años y los colchones de 80 x 180 de algunos hoteles tienen más años que muchos de sus huéspedes. Sara, acostumbrada a la cama de nuestra casa, se cayó al suelo la última vez que viajó a su pueblo y durmió en su cama de toda la vida. Eso por no hablar de tener que dormir con las piernas dobladas porque se salen los pies o porque, directamente, no hay sitio porque la la parte de abajo de la cama lo impide o choca contra la pared.

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Tampoco se trata de que todas las habitaciones de hotel del mundo tengan camas king-size –que sería de agradecer– pero qué menos que dos metros de largo por algo más de un metro de ancho las individuales y más de uno y medio las de matrimonio. ¿No crees?

Ah, y el colchón que no sea de lana, de paja, de pelo de caballo… o una madera forrada con una tela. Tan horribles son los colchones en los que te hundes tanto que tienes que llamar a recepción para que vaya alguien a ayudarte a ponerte en pie, como los que te dejan la espalda llena de cardenales.

La cama cárcel

¿Qué les han contado a los dueños de los hoteles sobre remeter la ropa de cama que convierten las camas en envases al vacío? Cada vez que llegamos a una habitación en la que es imposible abrir la cama sin desmontarla me preguntó cómo lo harán. Yo no soy capaz de remeter tanto las de casa –más de una vez se salen los pies– y en los hoteles son capaces de sacar el aire, tienes que levantar el colchón para poder irte a dormir. ¿Quieren conservarnos frescos durante la noche?

La almohada, esa gran desconocida

El hotel ideal tiene carta de almohadas, ahí queda todo dicho. Pero tampoco vamos a ser elitistas, además de que ¿alguien ha llamado alguna vez a la recepción de un hotel para pedir una almohada de las que aparecían en la carta? Nos conformamos con las que hay siempre que no sean:

  • La almohada tubo de cemento: almohadas cilíndricas duras como piedras que parece que las han sacado del antiguo Egipto donde las usaron para llevar las piedras de las pirámides.
  • La almohada gigante: si la almohada está pensada para apoyar la cabeza mientras dejas los hombros en el colchón ¿qué sentido tiene que mida un metro por un metro? ¿Es que las pones porque en tu hotel van muchas mujeres jirafa o simplemente para que, aunque el colchón sea largo, tus huéspedes sigan teniendo que dormir con las piernas dobladas?
  • La almohada sutil: esa funda de almohada que, en algún momento de su vida, contuvo algo más que aire o relleno comprimido por cientos de cabezas. Tan fina que parece que la cabeza se hunde en el colchón al apoyarla ahí.

El baño, esa asignatura pendiente en el hotel perfecto

¿Por qué en los hoteles de diseño les está dando cada vez más por poner la ducha en mitad de la habitación con paredes de cristal? ¿Qué necesidad hay? En la ducha no se está sexy, no se está sensual y no se está provocativo… se está a lo que se está: a lavarse debajo de las axilas, a llenarse el pelo de champú y a cantar –o gritar, cada uno con lo que pueda–. Si vas con tu pareja ya habréis tenido tiempo de veros o lo tendréis después –si no se os quitan las ganas con la duchita de marras–. Si vas sólo, el personal de limpieza macizo que entra en la habitación y acaba en pasión desenfrenada sólo está en las películas porno… en la vida real no es agradable que se abra la puerta mientras estás en tu ducha de cristal.

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Una vez que hemos superado que la ducha sea íntima, ¿en qué momento se olvidaron de poner una mampara que cierre bien? Ya hemos perdido la cuenta de en cuantos hoteles acabamos casi inundando el baño porque la mampara no llega ni a la mitad de la ducha, porque no cierra bien, porque es tan de diseño que deja un hueco en la parte de abajo o porque, directamente, no hay ni mampara ni cortina ni nada de nada. ¿Le pagarán un plus al personal de limpieza por ir con botas de agua?

Y acabo con un básico, otro: el agua tiene que salir –sí, que al abrir el grifo haya presión– y salir a una temperatura adecuada. Todavía recordamos con una sonrisa –el cerebro se encarga de “suavizar” los recuerdos– el “agua templadita”, así nos la vendían, de algún hotel de Perú.

¿El desayuno? Sí, gracias

El hotel ideal tiene que tener el desayuno incluido. Pero un desayuno de verdad, no un café aguado y dos galletas. ¿No es uno de los momentos que esperas con más ilusión cuando estás en un hotel? Bajar al desayuno y lanzarte a recorrer el buffet libre con productos locales eligiendo lo que quieres llevarte a la mesa –y después otro rato colocándolo para que la foto quede bonita, claro–.

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Mención especial para el zumo de naranja: si no puedes poner zumo de naranja natural porque no haya naranjas en tu zona, porque no tengas un exprimidor y el personal haya acabado con síndrome de túnel carpiano de tanto darle al giro de muñeca, porque tu madre te dijo de pequeño que si no se bebe en menos de dos minutos pierde sus propiedades… o por lo que sea: no pongas esa cosa horrible con un cartelito que engañe a la gente diciendo que es zumo de naranja.

El precio del hotel perfecto: barato

El hotel perfecto es barato. Ojo, barato no quiere decir que cueste poco en valor absoluto, quiere decir que cueste poco para todo lo que ofrece –además de lo que ya he dicho, quedan las instalaciones, los extras…–. Ya publicamos nuestros consejos para encontrar el hotel más barato, así que ahí te lo contamos todo. Si crees que no necesitas más detalles, lánzate a los buscadores para comparar características: nosotros usamos normalmente Booking y HotelsCombined.

Y tú, ¿qué buscas en el hotel perfecto?

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