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La Segunda Guerra Mundial en Varsovia

  

Después de recorrer la Varsovia de antes de la guerra –aunque, en realidad, se trate de la Varsovia restaurada tal y como era antes de la guerra–, llegaba el momento de la fractura. Ese momento en que la ciudad desapareció en el horror del conflicto. Al final de la guerra, sin saber cómo, se encontró con el dominio ruso durante más de cuarenta años. Si ya había sido testigo de lo que los nazis fueron capaces en Stutthof, lo que sucedió en Varsovia escapa a mi capacidad de comprensión.

Polonia Varsovia-Simbolo Resistencia Polaca Segunda Guerra Mundial

Semejante hecho histórico dejó unas tremendas marcas en la capital polaca, no sólo en las vidas de sus habitantes, también en sus edificios –casi el 90% de la ciudad fue destruido–. Seguimos con el recorrido por la ciudad con las huellas de la Segunda Guerra Mundial en Varsovia.

Museo de la historia de los judíos polacos

Antes de hablar del gueto de Varsovia, hay que ponerse en situación con una visita al Museo de la historia de los judíos polacos, abierto hace pocos meses. Unos 400.000 judíos vivían antes de la Segunda Guerra Mundial en Varsovia –lo que la convertía en la cuarta ciudad del mundo con mayor población judía–. Obviamente, una vez terminada la guerra,  era casi inexistente.

Polonia Varsovia Monumento Heroes Gueto

A pesar de todo, los varsovianos decidieron rendirles un homenaje, y dos terceras partes del dinero invertido en la construcción del museo, situado en lo que durante la Segunda Guerra Mundial en Varsovia fue el gueto, salieron de donaciones populares. Sus paredes son del color del desierto y la separación de su vestíbulo representa la apertura de las aguas del Mar Rojo, con un puente recuerdo del de madera que unía las dos zonas del gueto de la ciudad.

Polonia Varsovia Museo Historia Judios Polacos Interior

Para los que piensen que ya estaba el Museo de la Insurrección, decir que éste no sólo habla de la época del Holocausto, sino de toda la historia de la población judía en Varsovia y cuenta con una réplica de una sinagoga de madera del s XVII.

Museo de la Insurrección de Varsovia

¿Cómo tratar un tema tan delicado y doloroso como la Insurrección del gueto de Varsovia? En el Museo de la Insurrección lo hacen con respeto y emoción. Nada más entrar notas que se ha acabado el Sol. No hay ventanas y las paredes tienen colores oscuros, cuando no negro directamente. Pero lo más impactante, sin duda, es oír el latido del gueto. Un corazón late y el sonido es la banda sonora del museo. Hay que decir que, después de todas las atrocidades que se muestran, puede llegar a resultar un poco agobiante… pero estamos hablando de un gueto, ¿hay algo más agobiante? En el de Varsovia vivían hacinadas 400.000 personas –de Varsovia, del resto de Polonia, de Alemania y de otros países bajo dominio nazi–.

Polonia Varsovia Museo Insurreccion Monumento Pequeno Insurrecto

El gueto, creado entre octubre y noviembre de 1940, era el paso previo a la deportación a los campos de exterminio –principalmente, una vez construido, al Campo de Exterminio de Treblinka, donde la esperanza de vida era de una hora y media–. Debido a las condiciones extremas, la ración para un judío del gueto era de 184 calorías al día, muchos se presentaban voluntarios para los trenes de deportación porque se les entregaba pan y medio kilo de mermelada. Cuando se descubrió el destino de los trenes se dejaron de presentar voluntarios.

Muchos fueron los héroes del gueto, pero entre todos destaca Irena Sendler o Sendlerowa, el ángel del gueto de Varsovia. Esta enfermera fue capaz de salvar a 3.500 niños judíos, aunque hay que tener en cuenta que, para salvar a cada niño, hacía falta la colaboración de cien personas. Irena los dormía y los sacaba del gueto bajo cadáveres o basura. Sus nombres y papeles eran guardados en botes de cristal que enterraba en la tierra, esos niños fueron conocidos como “niños del bote”.

Polonia Varsovia Museo Insurreccion Interior

Durante cuatro semanas, del 19 de abril al 16 de mayo de 1943, los habitantes del gueto se levantaron y lucharon contra las tropas nazis. Las victorias iniciales dieron paso a una orden de Himmler de acabar con el gueto… y a fe que lo hicieron. Las tres hectáreas que ocupaba fueron completamente arrasadas y la única sinagoga que quedaba fuera de sus muros fue volada como señal de que el gueto había desaparecido.

Palacio de la Cultura y la Ciencia

El Palacio de la Cultura y la Ciencia, pkin, se ve desde casi cualquier punto de Varsovia –a no ser que estés en una calle estrecha o los árboles no te lo permitan, casi una cuarta parte de la ciudad son zonas verdes–. Sus 234,5 metros lo convierten en el edificio más alto de la ciudad y, a pesar de ser un “regalo del pueblo soviético al polaco” –regalo envenenado que pretendía recordarles que estaban bajo la dominación rusa– es un símbolo de la ciudad. Hay que tener en cuenta que, tras la caída de la URSS, hubo planes para derribarlo y construir un parque en su lugar.

Polonia Varsovia Palacio de la Cultura y la Ciencia Abajo

Se construyeron varios edificios con los mismos planos –siete en Moscú, los Rascacielos de Stalin, y uno en Varsovia–, aunque el de Varsovia tiene toques de edificios de Cracovia y Zamość. Otra curiosidad de la torre es que posee el reloj más alto del mundo y el segundo más grande de Europa, cada esfera tiene un diámetro de ¡seis metros! A pesar de que las vistas desde el mirador de la planta 30 son espectaculares, hay que decir que resulta más interesante ver el propio edificio que la ciudad desde él.

Polonia Varsovia Palacio de la Cultura y la Ciencia Panorama

Otras muestras de esa arquitectura comunista, la Varsovia roja, son la Plaza de la Constitución y la Plaza Mokotowski, con el Mausoleo a los soldados soviéticos.

Polonia Varsovia Palacio de la Cultura y la Ciencia Puesta Sol

Pero la ciudad  siguió adelante y tiene mucha arquitectura contemporánea y zonas por las que salir de fiesta, porque ese horror que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial en Varsovia no cambió el carácter amable de los varsovianos.

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7 comentarios

  1. 21 julio, 2014 en 11:20 — Responder

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Después de recorrer la Varsovia de antes de la guerra –aunque, en realidad, se trate de la Varsovia restaurada tal y como era antes de la guerra–, llegaba el momento de la fractura. Ese momento en que la ciudad desaparec…

  2. 21 julio, 2014 en 14:33 — Responder

    Por mucho que visitemos museos y antiguos campos de exterminio, por muchas películas que veamos y libros que leamos, no seremos capaces de dimensionar el horror y las atrocidades cometidas contra la población civil -judíos pero también homosexuales, artistas,gitanos- ni durante la II Guerra Mundial ni durante el régimen comunista… Un buen amigo polaco dice que se le ponen los pelos como escarpias cuando ve chavales con camisetas con símbolos comunistas y que da gracias porque hoy, su hijo puede escuchar la música que quiere… Algo tan sencillo, que damos tanto por hecho y que, sin embargo, ha sido imposible, hasta hace nada, en muchos países europeos… Leyendo vuestras impresiones sobre la arquitectura comunista, hemos recordado el perfil de otra ciudad marcada por ella: Bucarest, en Rumanía… Y, por cierto, también se nos ha venido a la cabeza un libro: Más allá d estos muros, de Janina Bauman, casada con un polémico intelectual…

    • 30 julio, 2014 en 17:44 — Responder

      Totalmente cierto, mira que habíamos pasado antes (unos días antes) por Stutthof, el primer campo de concentración nazi en Polonia (y el último en ser liberado) pero ni por esas te “inmunizas”. Y no sabes cuánto me alegro de no “inmunizarme” porque eso me asustaría mucho.
      Lo malo de la historia reciente (y la Segunda Guerra Mundial fue hace muy poco en términos de historia) es que no suele enseñarse en las escuelas por miedo a que se abran heridas o se remuevan sentimientos. Eso acaba haciendo que no se conozca lo suficiente y se idolatren ciertas cosas que, en realidad, no son dignas de ningún tipo de admiración 🙁 Lo malo es que son generaciones que, alejadas de esa historia cercana, pueden llegar a provocar una repetición de muchas cosas… pero eso lo vemos en todas partes, incluso en casa 😮
      También a mí me recordó un poco a ciertos barrios de Bucarest, los de ese dominio férreo de Ceaușescu y de arquitectura gris y mastodóntica. Apunto el libro 😉

  3. 22 julio, 2014 en 10:02 — Responder

    Muy interesante! 🙂

    • 30 julio, 2014 en 17:45 — Responder

      Lo es Isa, hay que conocer la historia para no volverla a repetir…

  4. Carlos brieto
    18 septiembre, 2016 en 21:19 — Responder

    Vaya historieta, el mismo cuento del exodo, poco mas o menos. Mucho simbolismo y sensibilidad.

    • 13 octubre, 2016 en 11:06 — Responder

      Hola Carlos y bienvenido al blog 🙂
      No acabo de entender tu comentario, ¿no crees que sucedieran todas las cosas que cuento que pasaron durante la II Guerra Mundial en Varsovia?

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