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Los Llanos venezolanos

Si Venezuela es uno de los países con menos turismo de Sudamérica no es por falta de atractivos: cuenta con una de las mayores biodiversidades del mundo –con más de 140.000 especies animales y vegetales–. En él se concentran todos los paisajes típicamente sudamericanos: desde playas e islas caribeñas hasta cumbres andinas, pasando por la cuenca amazónica y del Orinóco, y la sorprendente Gran Sabana con sus tepuys, un paisaje único que sólo se puede encontrar en Venezuela. Tampoco faltan los humedales, aquí llamados Los Llanos, una inmensa sabana inundable repleta de animales salvajes. Comparables con el Pantanal brasileño o las Pampas bolivianas, Los Llanos tienen la ventaja de ser mucho más baratos gracias al cambio negro.

Los Llanos Rancho Grande Anaconda Completa

Cuando ir a Los Llanos venezolanos

La mejor época para ir a Los Llanos es la temporada seca, de diciembre a abril, cuando es más fácil avistar los animales que se concentran alrededor de los puntos de agua. Nosotros fuimos en agosto, en plena temporada de lluvia, pero aún así vimos muchísimos y pudimos disfrutar de un paisaje estupendo. Llanuras infinitas inundadas que reflejaban el cielo con sus nubes a menudo amenazantes –y vaya si descargaron en nuestra excursión en barca–. Un paisaje que emanaba tranquilidad y paz a niveles casi embriagantes para unos urbanitas como nosotros.

Los Llanos Rancho Grande Paisaje Inundado

Como llegar a Los Llanos venezolanos

Para ir a Los Llanos existen dos opciones: contratar una excursión con una agencia, normalmente en Ciudad Bolívar o Mérida, o hablar directamente con los campamentos sin tener que pagar los recargos de la agencia. Esta última fue la opción que escogimos nosotros. Las visitas, sobre todo en el caso de las agencias que ofrecen paquetes más cerrados, suelen ser de cuatro días y tres noches: un día de traslado hasta el campamento, dos días de actividades –con cuatro salidas, mañana y tarde– y el último día de regreso. Si hablas directamente con los campamentos puedes contratar los días que desees.

Los Llanos Rancho Grande Atardecer Barca

Si vais por vuestra cuenta el punto de salida será Barinas, capital del estado del mismo nombre. Desde allí hay que coger un autobús, o un taxi compartido –”por puesto” en Venezuela – hasta Mantecal, donde irán a recogeros –el precio del transporte desde y hasta Mantecal está incluido en la estancia –. Probablemente tengáis que hacer noche en Barinas si no venís de muy cerca, nosotros por ejemplo llegábamos de Ciudad Bolivar, después de un viaje de 13 horas de autobús y necesitábamos descansar.

Donde dormir en Los Llanos

En cuanto a las opciones de alojamiento en Los Llanos, hay de todo tipo. Una de ellas es quedarse en los Hatos, ex-cotos de caza y reservas biológicas transformados en hoteles de lujo, muchos de ellos a base de orden ministerial que los expropió confiscándoles parte de sus terrenos –como el Frío y el Cedral–. Lejos del lujo de los Hatos, nuestro campamento, el Rancho Grande, era mucho más económico y sencillo: habitaciones con camas o hamacas, baños compartidos y un trato muy familiar. Pasar unos días en Rancho Grande significa convivir con el señor Ramón, un llanero auténtico, y su familia. El rancho es su casa y es él, junto con su mujer, sus hijos y su sobrino, quien lo hace todo: las mujeres se encargan de la cocina y del cuidado del campamento y los hombres de los safaris. Por las noches, el señor Ramón tocará la típica música llanera, joropo, con su cuatro –una guitarra de cuatro cuerdas– mientras sus hijos cantan y bailan.

Los Llanos Rancho Grande Familia Salto

Los safaris: maravillarse con la fauna local

El Rancho Grande es uno de los campamentos más antiguos de Los Llanos y, a pesar de no haber sido muy renovado desde su fundación, tiene una ventaja increíble: una posición inmejorable para el avistamiento de fauna. De hecho, su casa está rodeada, según la temporada, de centenares de aves, de caimanes, de pirañas o delfines rosados, toninas en Venezuela. Fue uno de esos delfines rosados el que nos “proporcionó” la comida del segundo día al tratar de capturar un enorme pez en el río que acabó saltando y en la cazuela.

Los Llanos Rancho Grande Capibara

Los Llanos Rancho Grande Oso Melero

En los cuatro safaris –en barco, en coche, a caballo y en moto– no recorrimos muchos kilómetros pero encontramos decenas de capibaras y caimanes, iguanas, nutrias y delfines rosados –estaban en el “jardín” inundado y nos acompañaban en todas las comidas–, tortugas, un oso melero, un enorme oso hormiguero y hasta una anaconda. Los monos aulladores, mucho más difíciles de ver, nos asustaron con sus profundos y guturales gritos entre los árboles. Pescar pirañas, como en el Amazonas, no fue muy fructífero: la época de lluvia no es la más adecuada. Sólo consiguió pescar una Brito, el hijo del señor Ramón, que, con sus doce años, ya tiene el ojo entrenado para ver los animales antes que nadie y parece haber crecido, como su primo Antonio, el Negro, montado a caballo. Así que, en sus vacaciones escolares ya ayuda en el negocio familiar.

Los Llanos Rancho Grande Iguana

Los Llanos Rancho Grande Brito Piraña

Hubo un quinto safari, en el que participó toda la familia, una salida nocturna paseando por la carretera junto al campamento. A la luz de la linterna del señor Ramón comprobamos que estábamos rodeados de caimanes por todas partes, ojos brillantes a decenas, aunque ya los habíamos visto también a la luz del día. Además de disfrutar de un fabuloso cielo despejado en el que observar todas las estrellas –el concepto de contaminación lumínica no ha llegado a Rancho Grande, que obtiene su electricidad a partir de un generador–.

Los Llanos Rancho Grande Caiman

Los Llanos Rancho Grande Pajaro

Sólo nos quedamos con ganas de ver armadillos y jaguares. Los jaguares son muy complicados de avistar en la época de lluvia y es prácticamente imposible hacerlo de día en todo el año. Pero el señor Ramón nos contó que los tigres, como los llaman aquí –los leones son los pumas, que también los hay– se pueden avistar con relativa facilidad en los safaris nocturnos en la época seca. Desafortunadamente, cada vez es más difícil, ya que muchos ganaderos los matan para proteger a sus rebaños, con lo que están diezmando su población.

Los Llanos Rancho Grande Amanecer

Nos quedamos con ganas de más, ¡habrá que volver en la época seca!

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3 comentarios

  1. 30 agosto, 2013 en 09:47 — Responder

    Espectacular! Me encanta la foto de la barca, es preciosa :) Qué bien lo habréis pasado en Rancho Grande con el señor Ramón, que historia entrañable, me gusta…
    Voy tomando buena nota de todo lo que vais contando… algún día, algún día… ;)

    • 31 agosto, 2013 en 17:54 — Responder

      Sí, la verdad es que lo pasamos estupendamente, ¡un sitio único!
      Seguro que ese día llega pronto ;)

  2. […] uff, hay tantos y tan singulares en su belleza: el Amazonas brasileño y sus puestas de sol, los Llanos venezolanos, los cafetales de Colombia o los cocotales de Ecuador, el volcán ecuatoriano Tungurahua en […]

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